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OIT pone el foco en los derechos de las personas migrantes
Francesco Carella (OIT) destaca el modelo uruguayo de diálogo para la integración laboral de las personas migrantes
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Francesco Carella
Francesco Carella

En el marco del seminario “Migración laboral y contratación equitativa. Desafíos para el trabajo decente y la integración laboral en Uruguay”, que se realizará este jueves a las 18:00 horas en la Universidad de la República (UDELAR), el Portal del PIT-CNT conversó con Francesco Carella, especialista regional en Migración Laboral de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), quien será uno de los panelistas. Carella destacó que siete de cada diez personas migrantes en edad de trabajar en América Latina y el Caribe son trabajadoras, por lo que “la migración es también una cuestión de empleo”. Valoró especialmente el modelo uruguayo de “diálogo entre instituciones, sindicatos y empleadores” y señaló que el acceso a la regularización migratoria y al trabajo decente es clave para evitar situaciones de precarización y supuesta “competencia” entre trabajadores nacionales y migrantes.

La mesa estará integrada también por la doctora Leticia Iglesias, coordinadora de la carrera de Relaciones Laborales; Laura Martínez, responsable de la Comisión de Migrantes del PIT-CNT e integrante del Secretariado Ejecutivo; Anabela Aldaz, vicepresidenta de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, y representantes de la Red de Apoyo a la Movilidad Humana.

Carella se refirió a la situación migratoria que atraviesa América Latina y el Caribe y señaló que en los últimos diez años se duplicó el número de personas migrantes y en situación de movilidad humana en la región. A su vez, destacó que siete de cada diez personas migrantes en edad de trabajar son trabajadoras. “Realmente podemos decir que la migración es una cuestión de empleo en nuestra región”, afirmó.

Sin embargo, advirtió que en muchos casos la migración es gestionada por instituciones que la abordan principalmente desde una perspectiva de “seguridad y no necesariamente desde el trabajo y los derechos laborales”.

También señaló que no siempre existe una coordinación directa entre las instituciones encargadas de la migración y aquellas vinculadas a la seguridad o las relaciones exteriores. A su entender, esa articulación resulta fundamental para desarrollar políticas y programas públicos que respondan a las necesidades de los mercados laborales, con participación de las organizaciones de empleadores y trabajadores y con pleno respeto de los derechos de las personas trabajadoras, tanto nacionales como migrantes.

El especialista de la OIT sostuvo que el fenómeno migratorio en América Latina y el Caribe se ha vuelto más “complejo y volátil”. En ese contexto, consideró que Uruguay constituye, en cierta medida, una “excepción regional, ya que ha sido históricamente un país receptor de migrantes durante más de un siglo, a través de diferentes corrientes migratorias”.

La situación es diferente en otros países de la región que hasta hace poco eran principalmente países de origen de migrantes hacia Estados Unidos o Europa y que, en un período relativamente corto, se transformaron también en países de destino, tránsito y retorno.

“Para Uruguay la migración no es tanto una novedad, pero para muchos países de la región sí lo es”.

Carella destacó además que los movimientos migratorios “ya no responden únicamente al tradicional esquema sur-norte”. Existen flujos “mucho más complejos”, con personas que desde el Caribe, Haití o Cuba se trasladan hacia Sudamérica y, en algunos casos, posteriormente intentan avanzar hacia Centroamérica y América del Norte.

El especialista también se refirió a los cambios en la composición de los movimientos migratorios. Explicó que “históricamente era frecuente que un adulto, generalmente el jefe de hogar, migrara solo con el objetivo de instalarse y posteriormente reunificar a su familia”. Sin embargo, desde el incremento de la migración venezolana a partir de 2015, se observa cada vez más “el desplazamiento de familias completas, lo que genera nuevas necesidades y problemas”.

Carella mencionó estudios realizados por la OIT en distintos países de la región con población migrante venezolana. Esas investigaciones muestran que, cuando la regularización migratoria tiene un costo -algo que ocurre en varios países-, “algunas familias optan por regularizar solamente al hombre adulto, para que pueda salir a trabajar, preferentemente en la formalidad”. Mientras tanto “la mujer puede permanecer en el hogar, hacerse cargo del cuidado de los niños y las tareas domésticas y, en algunos casos, realizar trabajos informales durante pocas horas”.

“Esto implica una precarización adicional y hace que se refuerce la división tradicional del trabajo: el trabajo de cuidado informal para la mujer, que tiene que cargar con todo el cuidado no remunerado, y más formalidad y una situación menos vulnerable para el trabajador hombre”, comparó.

Uruguay y una experiencia de diálogo para destacar

Carella valoró especialmente que el seminario reúna en una misma instancia a la UDELAR, la OIT, la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, el movimiento sindical y la Red de Apoyo a la Movilidad Humana. Consideró que “el hecho de que coincidan en una misma mesa diferentes actores vinculados al mundo del trabajo y la migración constituye un acontecimiento destacable y poco frecuente en la región”.

Desde la OIT, explicó, “se insiste en que la gobernanza de la migración laboral puede desarrollarse de manera eficaz y respetuosa de los derechos cuando las instituciones nacionales vinculadas al trabajo, las migraciones y la Cancillería coordinan sus acciones y, al mismo tiempo, consultan a los actores sociales, es decir a las organizaciones de empleadores y de trabajadores”.

En ese sentido, destacó particularmente la experiencia uruguaya. “Lo que ocurre en Uruguay con el PIT-CNT, con las organizaciones de empleadores, en una mesa de diálogo y de consulta, es un caso realmente para destacar”, afirmó.

Según Carella, no todos los países de la región cuentan con este tipo de espacios, que constituyen una de las “claves para una adecuada gobernanza de la migración laboral y para favorecer la integración laboral y socioeconómica de las personas trabajadoras migrantes”.

El especialista regional de la OIT sostuvo que el ámbito laboral tiene un papel central en los procesos de integración. “Desde OIT consideramos que el mundo del trabajo es el lugar donde la inclusión se hace realidad, porque las personas trabajan codo a codo, se ven todos los días nacionales, migrantes y tienen que colaborar por un objetivo común”, afirmó.

Señaló que un país que garantiza a las personas migrantes un estatus migratorio regular y el acceso a un trabajo decente -incluyendo la formalidad y los derechos laborales- está dando pasos fundamentales para su integración.

También se refirió a la llamada “competencia desleal” entre trabajadores nacionales y migrantes, una expresión que aclaró que la OIT no utiliza. Explicó que en ocasiones se sostiene que un trabajador migrante está dispuesto a realizar el mismo trabajo por debajo del salario mínimo. Sin embargo, para Carella, esa situación no debe interpretarse como una decisión libre del trabajador. “No es que el migrante esté dispuesto a hacerlo, es que si no tiene acceso a un estatus migratorio regular, no le queda otra alternativa”, sostuvo.

A su entender, estas situaciones pueden evitarse mediante mesas de coordinación interinstitucional y espacios de consulta con los actores sociales, precisamente el tipo de mecanismo que, según señaló, se ha desarrollado en Uruguay.

Consultado sobre el avance de discursos de odio dirigidos contra las personas migrantes y otros colectivos, Carella explicó que “la OIT aborda la migración desde la perspectiva del mundo del trabajo y de las normas internacionales laborales”.

En ese marco, señaló que existen dos principios fundamentales: “la no discriminación entre trabajadores en el mercado laboral, tanto entre nacionales y migrantes como entre hombres y mujeres, y el principio de igualdad de trato y de oportunidades”.

Para Carella, “estos principios también son fundamentales para enfrentar los discursos de odio”, que consideró “contraproducentes para los trabajadores, las empresas y las economías de los países”.

En ese sentido, destacó el papel de la “solidaridad sindical y de la clase trabajadora”, así como la importancia del “diálogo social entre los distintos actores del mundo del trabajo”.

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Migración laboral y contratación equitativa