La vicepresidenta del PIT-CNT, defendió la negociación colectiva como un pilar "imprescindible" para la democracia. Su intervención fue en el marco de la 114ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, donde Spilman sostuvo que las mujeres siguen enfrentando brechas salariales, "segregación ocupacional y una distribución profundamente desigual de las tareas de cuidados, que continúa limitando autonomía económica y oportunidades".
En el inicio de su alocución, Carolina Spilman, saludó que un hombre surgido del movimiento sindical uruguayo,, el actual ministro de Trabajo, Juan Castillo, haya sido honrado con la designación de presidir la 114.a Conferencia Internacional del Trabajo. "Para quienes venimos del movimiento sindical uruguayo, verlo hoy ocupando esta responsabilidad nos genera una enorme emoción y un inmenso orgullo. Porque conocemos el camino recorrido: el de la militancia, la solidaridad y la defensa de los trabajadores y las trabajadoras. Ver a un compañero surgido de nuestro movimiento sindical presidir esta Conferencia es también sentir que las luchas colectivas de tantos años tienen hoy un lugar en este espacio tan importante para el mundo del trabajo".
La vicepresidenta del PIT-CNT afirmó que el mundo vive un proceso de profundas transformaciones. "A lo largo de la historia, los grandes cambios tecnológicos modificaron la forma de producir, la organización económica y la vida de nuestros pueblos. La Revolución Industrial es probablemente uno de los ejemplos más claros: abrió enormes posibilidades de desarrollo, pero también trajo explotación, jornadas interminables y desigualdades profundas. Nada de aquello cambió de manera espontánea. Los derechos laborales nacieron porque las trabajadoras y trabajadores organizados fueron capaces de construir respuestas colectivas frente a transformaciones que parecían inevitables. La jornada de ocho horas, la protección social, la negociación colectiva y la libertad sindical son resultado de esa organización. Hoy volvemos a encontrarnos frente a un cambio de enorme magnitud. Hablamos de inteligencia artificial, automatización y nuevas formas de organización del trabajo. Nunca en la historia de la humanidad hubo tanto avance tecnológico, tanto conocimiento acumulado ni tanta capacidad para producir riqueza. Por ello, urge hacernos una pregunta central: ¿cómo logramos que esos avances mejoren efectivamente la vida de las grandes mayorías?".
Spilman sostuvo que las decisiones sobre tecnología y productividad no son neutras. "Impactan directamente en el empleo, los ingresos y las condiciones de vida de millones de personas. Estas transformaciones tampoco impactan de igual manera sobre todas las personas. Las mujeres seguimos enfrentando brechas salariales, segregación ocupacional y una distribución profundamente desigual de las tareas de cuidados, que continúa limitando autonomía económica y oportunidades. A esto se suma un desafío emergente: la inteligencia artificial puede reproducir y profundizar desigualdades ya existentes cuando replica sesgos presentes en nuestras sociedades. Por ello, la innovación necesita regulación democrática, participación social y perspectiva de igualdad".
En este sentido, reafirmó que desde Uruguay "venimos con una experiencia concreta; este año nuestro movimiento sindical cumple 60 años de unidad. Son seis décadas de organización, defensa de derechos y construcción democrática".
Asimismo, remarcó que al movimiento sindical uruguayo le preocupa que algunos sectores empresariales "cuestionen internacionalmente la negociación colectiva en nuestro país; una herramienta que ha permitido mejorar salarios, ampliar derechos y fortalecer el diálogo entre trabajadores, empleadores y Estado. Resulta difícil hablar de diálogo social mientras se intentan debilitar los instrumentos que lo hacen posible. La negociación colectiva no es un problema para la democracia. Es imprescindible para la democracia. Esto ocurre además en un contexto internacional profundamente complejo. Vivimos tiempos atravesados por guerras, tensiones geopolíticas, crecimiento de discursos de odio, debilitamiento de consensos democráticos y desigualdades cada vez más profundas. En demasiadas partes del mundo vuelven a ponerse en discusión derechos que creíamos conquistados. Esta realidad exige defender el trabajo con derechos, el diálogo social y el multilateralismo como forma de defender la democracia y la posibilidad de construir paz con justicia social. Porque el desafío de nuestro tiempo no es solamente innovar. El desafío de nuestro tiempo es decidir quiénes se benefician de esa innovación. Si los avances tecnológicos servirán para concentrar aún más riqueza o para garantizar más igualdad, mejores salarios y una vida más digna para las grandes mayorías. Si el futuro del trabajo será definido por unos pocos o construido democráticamente incluyendo la voz de quienes, todos los días, sostenemos el mundo con nuestro trabajo".
Para Spilman, "ese es el desafío de nuestro tiempo", concluyó.