La Unión Ferroviaria realizó días pasados un emotivo homenaje a los trabajadores que en 1985 protagonizaron la histórica marcha a pie desde Paso de los Toros hasta Montevideo, en el marco de la huelga ferroviaria de 43 días durante un conflicto bajo el gobierno de Julio María Sanguinetti. Durante ocho jornadas caminaron más de 200 kilómetros bajo lluvia, frío y sol, en defensa del ferrocarril, las reivindicaciones laborales y la dignidad de los trabajadores.
La marcha ferroviaria de 1985 se convirtió en uno de los hitos más recordados del movimiento sindical uruguayo. El 16 de setiembre de aquel año, 17 ferroviarios partieron desde Paso de los Toros rumbo a Montevideo, en medio de una intensa lluvia y en pleno conflicto con el gobierno, tras meses de reclamos salariales y demandas por mejoras laborales que otros entes estatales ya habían conquistado, como compensaciones por alimentación y nocturnidad.
La huelga incluyó ocupaciones de instalaciones de AFE, unas 80 ollas populares y una creciente solidaridad popular a lo largo de todo el recorrido de la marcha, que culminó con una multitudinaria recepción del PIT-CNT en la Plaza Libertad.
Durante el homenaje, el secretario de Prensa y Propaganda de la Unión Ferroviaria, Renzo Martínez, destacó el valor histórico, sindical y humano de la marcha a pie realizada en 1985 desde Paso de los Toros hasta Montevideo, en el marco de la huelga ferroviaria de 43 días.
Martínez afirmó que la actividad no significaba únicamente recordar una fecha, sino “una de las páginas más dignas y heroicas del movimiento ferroviario uruguayo”. Señaló que, en un contexto complejo para el país y para el ferrocarril nacional, un grupo de trabajadores decidió enfrentar “el silencio, el miedo y el abandono” con convicción, sacrificio y dignidad.
El dirigente sostuvo que aquella huelga y la posterior marcha quedaron grabadas “para siempre en la memoria del pueblo uruguayo” y remarcó que la movilización trascendió lo estrictamente sindical. “Aquella gesta no fue solo una protesta sindical; fue una demostración de amor por el ferrocarril, de compromiso con el interior del país y de defensa de la soberanía nacional”, expresó.
Martínez subrayó que cada kilómetro recorrido simbolizó no solo el desgaste físico de los trabajadores, sino también la esperanza de quienes se resistían a la desaparición del sistema ferroviario. “Caminaron bajo el sol, el frío y la incertidumbre, pero nunca estuvieron solos. Los acompañó la solidaridad de la clase trabajadora y la convicción de que defender el ferrocarril era defender la integración del Uruguay, el trabajo y la dignidad”, manifestó.
Asimismo, consideró que, más de cuatro décadas después, el ejemplo de aquellos ferroviarios continúa siendo una referencia para las nuevas generaciones. “Las conquistas no nacen desde la comodidad, sino desde la lucha, la organización y la memoria colectiva”, afirmó.
En ese sentido, llamó a mantener viva la memoria de aquella experiencia y a transmitirla a los trabajadores más jóvenes. “Tenemos la responsabilidad de contarles que hubo ferroviarios que dejaron huellas con sus pasos, que enfrentaron la adversidad con coraje y entendieron que la solidaridad entre trabajadores es una herramienta poderosa e invencible”, señaló.
Martínez cerró su intervención reivindicando a quienes participaron de la histórica movilización. “Honor y gloria a quienes resistieron, a quienes caminaron y nunca bajaron los brazos. Que nunca se apague la memoria de aquella heroica marcha a Montevideo”.
“Había que salir y salir”
Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el testimonio de Gustavo Acosta, uno de los ferroviarios que integró aquella marcha histórica y que entonces ejercía la presidencia de la Unión Ferroviaria.
Acosta recordó que la decisión surgió casi de forma espontánea, en medio de una huelga extremadamente dura. “Éramos muy jóvenes e inexpertos. No sabíamos siquiera si en la historia del ferrocarril había existido una marcha así”, contó.
Relató que el grupo decidió partir “de un día para el otro”, sin demasiada planificación y sin tener claro cómo afrontarían ocho días caminando por ruta. “Ni idea teníamos de cómo se hacía una marcha de estas características. Íbamos haciendo etapas de unos 30 kilómetros diarios hasta completar los más de 250 kilómetros”, recordó.
La salida desde Paso de los Toros quedó grabada en su memoria. “Salimos con una lluvia torrencial. Si ustedes ven las fotos, todos estábamos con impermeables y paraguas. Yo me sumé a último momento con una campera de nylon, pantalón deportivo y championes. Pero había que salir y salir”, dijo.
También evocó la solidaridad recibida durante el trayecto. Un compañero aportó una camioneta para trasladar colchones, ropa y otros elementos indispensables para dormir y continuar el viaje. “Hasta ahí llegaba la impronta ferroviaria, había que salir y no nos paraba nadie”, afirmó.
La marcha avanzó por distintas localidades del país, con paradas en Molle, Durazno, Goñi, Florida, Mendoza y Progreso, donde eran recibidos por otros trabajadores y vecinos. Finalmente llegaron a Montevideo, donde miles de personas los esperaban junto al PIT-CNT. “Fue un mar de gente. Para nosotros era algo inmenso”, recordó.
Acosta también destacó el valor simbólico de una bandera histórica de la Unión Ferroviaria que acompañó toda la marcha que resistió la dictadura y también llegó caminando hasta Montevideo.
Sostuvo que más allá de placas o reconocimientos, lo verdaderamente importante sigue siendo el vínculo entre compañeros. “Lo que más nos llena es estar juntos, unidos y apoyándonos. El ferrocarril morirá el día que quede el último ferroviario”, afirmó emocionado.
“Nos marcó para toda la vida”
Acosta, recordó en diálogo con el Portal del PIT-CNT la dureza del conflicto y el impacto que dejó en quienes participaron. “Después de 40 años, que esta nueva generación nos reconozca es algo muy alentador”, expresó.
El veterano ferroviario recordó que de los 17 trabajadores que iniciaron la marcha hoy quedan apenas unos pocos. “Muchos compañeros ya fallecieron”, dijo.
Recordó que el conflicto surgió porque el gobierno “no cedía en nada” ante las reivindicaciones salariales y laborales de los ferroviarios, lo que derivó en una huelga de 43 días. En ese contexto, los trabajadores de la regional Paso de los Toros-Rivera-Tacuarembó resolvieron organizar la marcha como una medida de lucha y también como una forma de dialogar con la población del interior. “Queríamos que el pueblo supiera por qué estábamos peleando”, explicó.
Acosta mencionó que durante el trayecto mantenían encuentros con otros trabajadores y vecinos.
Entre los logros alcanzados tras el conflicto destacó el reconocimiento de compensaciones por antigüedad y otros beneficios laborales. “No fue fácil. El gobierno de la época, con el presidente Julio María Sanguinetti y el ministro de Trabajo Hugo Fernández Faingold. Fue por entonces que Sanguinetti se jactaba de no perder huelgas, pero igual conseguimos avances”, sostuvo.
También recordó las enormes dificultades logísticas y humanas que implicaba una marcha de esas características en 1985.“No había celulares, no había conectividad, no había nada. El contacto con la familia era a través de teléfonos fijos en las estaciones”, relató.
Las fotografías eran escasas, tomadas con máquinas fotográficas de rollo y muchas se arruinaron por la humedad. “Era dejar la familia atrás y salir sin saber bien lo que podía pasar”, dijo. “Cuando llegábamos a un poblado informábamos, por teléfono de línea, a nuestras familias y compañeros, dónde y cómo estábamos”.
También recordó que durante la marcha realizaban asambleas todas las noches, donde evaluaban la situación y definían cómo continuar.
Acosta confesó que el homenaje lo conmovió profundamente. “Uno no hace estas cosas para recibir medallas. Lo hace pensando en los compañeros y en la clase trabajadora. Pero que después de tantos años se reconozca aquello nos demuestra que nada fue en vano”, expresó.
“Eso nos marcó para siempre. Se formó un grupo humano que sigue unido hasta hoy”, concluyó.