Pasar al contenido principal
Siempre con más democracia

El lunes seguimos todos acá

Estamos participando de uno de los episodios relevantes de la vida democrática que son las elecciones, que junto a otros requisitos de la convivencia y el ejercicio de derechos dan cuenta de uno de los mejores acuerdos que tenemos los seres humanos para organizar las diferentes dimensiones de la vida.

En cualquier caso vamos a ser los mismos y las mismas los que estemos en nuestros trabajos y nuestros barrios el próximo lunes y por ello el debate y el intercambio debe ser fraterno, debe cuidar siempre al otro.

Esto sucede en medio de un continente donde la democracia está en riesgo, donde las posibilidades de manifestarse se pagan con la vida o la cárcel, donde la pobreza asedia a contingentes importantes de población. Donde la democracia no es tal.

Aquello de la ciudadanía como espacio que implica igualdad no parece ser tan así en la región, y no parece ser tan así en nuestro país y esto es un desafío mayúsculo. Pensar en la igualdad como el lugar en donde debemos estar requiere de ensanchar derechos y derribar privilegios. Los trabajadores y trabajadoras, las mujeres, las infancias y adolescencias, los migrantes, y todos los colectivos que sufren la desigualdad que oculta la igualdad formal son los principales sujetos de este ensanche de derechos.

¿Acaso es posible pensar una ciudadanía sin derechos en el Uruguay de hoy?

En el medio de este proceso electoral aparecieron algunos fenómenos que no se deben banalizar, y cabe revisar que hemos hecho todos y todas para habilitarlos, esta es una pregunta incómoda pero necesaria ya que hay escenarios que la humanidad no debe repetir.

Los discursos de odio, los señalamientos neofascistas, los espacios de desconocimiento liso y llano de los derechos de los más vulnerados nos ponen a tiro con las sociedades que están viendo emerger como fenómeno este retorno a la justificación y banalización de la exterminación del otro. Este es probablemente el desafío más importante de la sociedad en los próximos años y sembrar el odio o la virulencia solo fortalece esas posiciones que no deberían ser admisibles en sociedades democráticas.

Los países que han visto emerger estos fenómenos políticos no han logrado que los mismos se reduzcan sino que lo que parece estar ocurriendo es que solo tienden a crecer.

La educación pública y las definiciones democráticas

Las definiciones sobre la educación han sido democráticas y han sido producto de dictaduras en nuestra historia, no es un campo neutral y los trabajadores de la educación tenemos claras las consecuencias de cada ajuste o cada avance. Lo cierto es que en las últimas décadas asistimos a un trágico relato que da cuenta del espacio del autoritarismo y la pauperización de la educación pública y la disputa por fortalecer la educación pública democratizando y transformándola.

El Uruguay de hoy puede sentirse orgulloso de su educación y puede sentirse orgulloso de los desafíos que se plantea de cara al Siglo XXI. No es menor que sea el momento de mayor cantidad de estudiantes en la historia país en todos sus niveles y modalidades. Nuevas propuestas y más ciudadanos y ciudadanas vinculados a ellas, en primera infancia e inicial, en educación media, en lo terciario y lo universitario. Esto es parte del enorme esfuerzo que hace la sociedad por las generaciones que vienen.

Lo que pasa dentro de las instituciones educativas también debería ser parte de nuestro orgullo como país, segundas lenguas, educación artística, educación física, robótica y programación, entre otros avances que en general dan cuenta de propuestas más integrales y que contemplan las diferentes dimensiones de la actividad humana y sus desafíos.

Progresivamente se ha extendido el tiempo pedagógico en múltiples formatos que dan cuenta de la complejidad de la tarea de enseñar y aprender hoy y de una sociedad que cada vez demanda más espacios de cuidados para niños, niñas y adolescentes.

Esto no implica que no existan desafíos, la desigualdad en los aprendizajes, la extensión del tiempo pedagógico en más instituciones, universalizar el acceso a la educación en 3 años, generalizar el acceso a propuestas terciarias y universitarias que deben necesariamente estar descentralizadas son parte de los mismos.

Los cambios en la sociedad y en el mundo del trabajo son tan disruptivos que también nos interpelan acerca de para qué futuro educamos.

Nadie sabe a ciencia cierta que sucederá en un par de décadas, la certeza que tenemos es que las sociedades democráticas deberán desplegar nuevas políticas sociales, educativas y de seguridad social que den cuenta del cuidado de la ciudadanía frente a un sistema económico que va a dejar en la cuneta a contingentes importantes de nuestra sociedad.

Las transformación puede ser regresiva o puede seguir ensanchando derechos y eso tiene que ver con una mirada larga, paciente y cuidadosa de nuestras formas de construir un país viable. Ningún derecho ha sido conquistado sin tensiones y menos aún sin la comprensión de la sociedad toda. En ese camino estamos y seguiremos estando el lunes.

Maestro Pablo Caggiani  - ERT  CEIP