Para las trabajadoras rurales, el 8M representa una oportunidad para hablar de una realidad casi siempre invisibilizada. «¿A cuántas mujeres están golpeando, violando o incluso asesinando en estos momentos, en lugares perdidos y ocultos del interior?» La pregunta casi retórica de María Flores pretende sacudir la selectiva agenda informativa que los medios construyen desde el centralismo histórico. María Flores es la presidenta del Sindicato Único de Trabajadores del Tambo y Afines (SUTTA) y dirigente de la Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines (UNATRA).
“Tenemos por delante un año complejo, duro, difícil, y las mujeres trabajadoras rurales tenemos que movilizarnos, hacernos más visibles, poner toda la carne arriba del asador, para lograr la equidad salarial y toda una serie de reivindicaciones nuestras que son históricas, y que en estos tiempos se vuelven imprescindibles”.
Flores suele contar que para las trabajadoras rurales todo es más complejo. Desde el acceso a puestos de trabajo de calidad, la equidad salarial y el espacio para la militancia sindical, entre otros muchos elementos. «Son horas que nos lleva llegar a Montevideo a cualquier instancia en el Ministerio de Trabajo, defender al sindicato en las instancias de negociación colectiva y luego volver tres o cuatro horas de viaje para llegar a casa y ocuparnos de las cosas de la casa, lavar, cocinar y todo lo que hacemos. Sería importante que en el marco del 8M hablemos de todas estas cosas, hablar de datos, cifras, que sinceremos cuántas mujeres hay en los Consejos de Salarios, cuántas ocupan cargos en las conducciones de los sindicatos, hablemos este Día Internacional de la Mujer Trabajadora de estas cosas».
La dirigente de la UNATRA está convencida que las mujeres son mejores negociadoras que los hombres y que eso no se suele tener en cuenta. «Las mujeres negociamos en nuestras casas, desde la vida familiar, con los hijos, en el almacén, somos mucho más negociadoras que los hombres aunque ellos no lo quieran reconocer».
Por último, Flores reclamó que la capital mire y escuche a las mujeres rurales «porque tenemos mucho por decir, la peleamos en condiciones duras todo el año, no la tenemos fácil pero no nos quejamos, salimos a dar pelea todos los días, y cada trabajadora rural que sale a militar en sus sindicato está poniendo todo de sí y merece ser escuchada».