Con una agenda de actividades que se extenderá entre agosto y octubre, el Departamento de Cultura del PIT-CNT comenzó a preparar la conmemoración de los 60 años de la unidad sindical. Ignacio Martínez, desde el área de la cultura integra la comisión organizadora junto a destacadas personalidades y dirigentes sindicales. En diálogo con el Portal del PIT-CNT, repasó los orígenes de la unificación del movimiento obrero uruguayo, reivindicó figuras históricas y reflexionó sobre los desafíos actuales del sindicalismo, el avance de las derechas y la necesidad de fortalecer la organización colectiva frente a la desigualdad y la exclusión social.
A seis décadas del proceso que dio origen a la unidad sindical en Uruguay, el PIT-CNT impulsa una serie de actividades culturales destinadas a recuperar la memoria de esa construcción colectiva y a proyectar sus enseñanzas hacia el presente.
Ignacio Martínez, en diálogo con el Portal del PIT-CNT, destacó el papel que desempeñaron dirigentes históricos como Héctor Rodríguez, Gerardo Cuesta y León Duarte, entre otros, en la gestación de la unidad obrera; anunció homenajes y actividades culturales en todo el país, y reflexionó sobre los desafíos que enfrenta hoy el movimiento sindical en un contexto marcado por el avance del individualismo, la desigualdad y el resurgimiento de discursos de ultraderecha.
Para Martínez, la vigencia del PIT-CNT radica en una convicción que atraviesa su historia,“la certeza de que ningún proyecto colectivo puede construirse sin unidad y solidaridad”.
En los próximos días se realizará un homenaje al histórico dirigente sindical León Duarte.
Sí. El 17 de julio vamos a hacer un homenaje a León Duarte, porque se cumplen 50 años de su secuestro, ocurrido el 13 de julio de 1976 en Buenos Aires. Ya está reservado el local y posiblemente hará uso de la palabra Marcelo Abdala.
En la última Mesa Representativa quedó formalmente presentada la comisión que organizará la conmemoración de los 60 años de la unidad sindical. ¿Cuál será su función?
Fue una convocatoria que realizó la central para pensar cómo conmemorar estos 60 años. Es una comisión muy bien integrada: hay fundadores, compañeros vinculados a la cultura, a la Universidad y varios integrantes de la central con una gran capacidad de ejecución.
Marcelo Abdala conversó conmigo, me invitó a participar y, por supuesto, acepté. Allí vamos a elaborar, como se anunció en la reciente Mesa Representativa, un programa de actividades que se desarrollará entre agosto, septiembre y octubre.
Todo culminaría el sábado 3 de octubre, fecha que además coincide con el fin de semana del Patrimonio. Las iniciativas son muchas: se realizará un sello postal, habrá actividades culturales centrales en el Teatro Solís y seguramente también en otros ámbitos. Además, se organizarán asambleas y encuentros en Montevideo y en el interior del país.
Tenemos la idea de que estas actividades también se reproduzcan, por lo menos, en las cuatro regionales del PIT-CNT. El objetivo es generar una convergencia de generaciones para reafirmar y valorar lo que significaron estos 60 años de unidad en el movimiento sindical. Digo unidad porque la unificación es un proceso, sin duda, pero la unidad es un valor. Es la comprensión de que nadie puede llevar adelante su proyecto sin la conjunción con el otro. En ese marco, la unidad es fundamental. Quizás sea una de las enseñanzas más importantes de los grandes hombres y mujeres que hicieron posible este proceso.
Ya en 1964, aunque parezca mentira, surgió la idea en el bar “Sportman”, frente a la Universidad. Allí se reunieron personas de la talla de Héctor Rodríguez, Gerardo Cuesta y León Duarte. Todos comprendieron que la unidad era una necesidad para el conjunto de los trabajadores, independientemente de las corrientes que representaban.
Hubo además un detonante internacional, en ese mismo año se produjo el golpe de Estado en Brasil. Entonces surgió una pregunta inevitable: ¿cuánto más íbamos a perder permaneciendo divididos o separados? A partir de esa reflexión comenzó un proceso de dos años que desembocó en el Congreso Constitutivo de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT).
Es interesante verlo también como un proceso vinculado al Congreso del Pueblo de 1965. De alguna manera, aquella fue una inversión estratégica cuyos resultados seguimos viviendo hasta hoy. A partir de allí surgió el programa del Frente Amplio en 1971, y de la propia CNT y se consolidó un proceso de unidad que marcó a varias generaciones.
Yo me formé en esa escuela. Me formé con personas que me enseñaron a comprender la realidad desde una óptica no sectaria. Y creo que eso es lo que sigue vivo hoy en nuestro PIT-CNT.
¿Cómo se explica esa unidad en la diversidad en el mundo actual condicionado por la inmediatez y lo efímero, y donde derechas y las ultraderechas intentan debilitar a los movimientos sindicales y sociales? ¿Cómo se explica la vigencia y fortaleza del movimiento sindical?
Creo que hay varias explicaciones. A nivel mundial, esta gente, las derechas, nunca dejaron de actuar. Se reorganizaron después de la posguerra, trabajaron en el mantenimiento de propuestas de ultraderecha y desarrollaron una notable capacidad de reconstrucción. También es cierto que la izquierda cometió muchísimos errores. El progresismo tuvo errores importantes, no logró desarticular esas corrientes ni construir propuestas programáticas que las dejaran sin espacio político. Hoy, efectivamente, son ellos quienes intentan excluir a los progresismos.
En Uruguay la dictadura no cuajó ni prosperó, pero de todos modos hubo un avance importante del neoliberalismo, de ese capitalismo voraz que te plantea “hacé la tuya”, “no te metas”, “no es tu problema”, “no te organices”, “cultivá tu individualidad”.
Esa es la propuesta que hoy reivindican. Ese liberalismo de Julio María Sanguinetti o de Andrés Ojeda apuesta a que, si estamos divididos y separados, ellos van a triunfar.
Nosotros entendimos exactamente lo contrario. Era imposible sostener una huelga general desde posiciones fragmentadas. Hay una anécdota muy ilustrativa, Néstor Bolentini, siendo ministro del Interior, intentó dividir aguas. Fue a hablar con el sindicato de FUNSA porque sabía que existían diferencias dentro de la CNT. Hay que recordar que FUNSA no integraba en ese momento el comando de huelga. Sin embargo, cuando terminó la reunión, el compañero de FUNSA le dijo a Bolentini: “Mire que más allá de lo que piense el sindicato de FUNSA, nosotros vamos a seguir estrictamente lo que diga la CNT”. Eso demuestra que, incluso existiendo diferencias importantes, la lealtad a la conducción y la disciplina colectiva fueron contundentes y fundamentales. Después vino la resistencia. Intentaron que los trabajadores se afiliaran a otros sindicatos o a las llamadas asociaciones profesionales. Sin embargo, más del 90% de los trabajadores volvieron a afiliarse a los sindicatos originales de la CNT. Fue un triunfo formidable.
¿Y cuáles son los desafíos hoy?
Hoy estamos recogiendo nuestra propia experiencia, con errores que habrá que corregir y con madureces que tendremos que desarrollar. El mundo de hoy no es el de hace 60 años. Tenemos que preguntarnos por qué estas corrientes avanzan en el mundo; por qué cayeron Gustavo Petro en Colombia o Gabriel Boric en Chile; por qué el progresismo se repliega; por qué acá un gobierno del Frente Amplio nos tiene desencantados y con tantos flancos expuestos; por qué existe una comunicación tan deficiente. Todo eso tiene que ver también con nuestras propias inmadureces. No hemos entendido suficientemente que debemos trabajar con todos aquellos que quieran aliarse, pero bajo nuestra bandera y nuestro programa. No cediendo ni concediendo nada que resulte perjudicial para el país. Porque perjudicial para el país es que tengamos miles de niños, niñas y adolescentes en situación de extrema pobreza. Que, pese a que solemos destacar la cifra del 7,5% de desempleo, sigamos enfrentando problemas serios de desocupación y de empleo precario. Que persistan dificultades en materia de vivienda, de salud y de educación.
La deserción educativa sigue siendo un problema. Estar dentro del aula no significa necesariamente que exista una educación prestigiosa o de calidad. Tenemos que avanzar hacia una educación que forme seres humanos, autocríticos, creativos, solidarios, independientes, con juicio propio y capacidad de pensamiento crítico. Todo eso requiere una enorme capacidad de conducción y un gran esfuerzo de los cuadros políticos y de gobierno.
Creo que es necesario abrir un debate profundo, autocrítico, humilde y austero. ¡No más camionetas! Tenemos que entender que el mensaje que transmitimos debe ser acorde a la realidad y a las expectativas de quienes nos escuchan o nos observan.
Y el PIT-CNT ha estado al frente de todo eso. Por eso estoy orgulloso de hablar desde esta central. Incluso en los momentos más difíciles, el PIT-CNT ha estado muchas veces por encima de los partidos políticos, planteando con claridad sus propuestas.
No veo discrepancias sustanciales en torno a algunas iniciativas, sino más bien una actitud conservadora, una falta de voluntad para arriesgar. Me refiero, por ejemplo, a la propuesta de aplicar una sobretasa del 1% a los sectores más ricos para destinar esos recursos a niños y adolescentes en situación de pobreza.
¿Cuáles son los argumentos para rechazarla? ¿Por qué no hacerlo? En esto hay que jugarse, porque lo que está en juego es la vida, el futuro y la salud de los niños y adolescentes. Me molesta mucho el discurso repetitivo, cargado de frases hechas que no dicen nada. Me molesta esa suerte de autocomplacencia por todo lo que venimos haciendo, cuando la realidad nos está golpeando por todos lados.
¿Cuáles serán los grandes hitos en materia de cultura de la conmemoración de los 60 años de la unidad sindical?
La idea es que se exprese la gente de abajo hacia arriba, que pueda contar su propia experiencia. Existe una frase muy conocida que dice que “los cambios son culturales o no son”, y estamos plenamente convencidos de ello. Participarán cooperativas de vivienda y algunas actividades serán particularmente interesantes por la presencia activa de personas que vivieron todo este proceso. Estamos hablando de gente de 90 o 92 años, como ocurre en la cooperativa Mesa 3 de FUCVAM, ubicada en Batlle y Ordóñez y Garzón, o en la Cruz de Carrasco. Estoy muy orgulloso de eso, de que esas personas puedan conversar y transmitir lo que hicieron, lo que vivieron y lo que construyeron.
Eso será la expresión cultural "desde abajo", en clave popular y social ¿pero también se desarrollarán actividades artísticas en escenarios tradicionales?
Claro. El Teatro Solís ofrecerá parte de su programación habitual especialmente para los trabajadores. Habrá mucha actividad musical. La propuesta abarcará desde encuentros en los barrios y territorios, con protagonistas de aquella época, hasta espectáculos artísticos profesionales. Será toda una celebración de la cultura.
Perfil
Ignacio Martínez nació en un "barrio de veras", bajo la luna de Jacinto Vera. Hijo de Irma, odontóloga, y de Ismael, trabajador de OSE, docente particular y hombre de múltiples oficios. Ismael falleció a los 42 años, cuando él era muy pequeño, y eso marcó no solo la ausencia y los espacios vacíos que dejó su papá en su vida, sino además, la influencia y el sostén de su madre durante toda su infancia y adolescencia.
Ignacio, "Nacho" Martínez, como lo conocen desde hace años, tiene un hermano mayor, Ismael, que es bibliotecólogo, con el que comparte el amor por los libros y la literatura.
Nacho cursó la educación primaria en la Escuela Nº 164 de Jacinto Vera (actual Escuela Nº 11) y realizó estudios secundarios en el Liceo Miranda.
Ingresó al CASMU a los 15 años, en 1970, como mensajero y cadete y a los 17 pasó a desempeñarse como cadete del laboratorio de análisis clínicos del CASMU. Participó en la ocupación del Sanatorio Nº 2 del CASMU durante la huelga general de 1973 y continuó trabajando hasta 1975, cuando fue requerido por la dictadura.
Se exilió en Buenos Aires, donde vivió uno de los períodos más difíciles de su vida.
Entre 1975 y 1976 sufrió la pérdida de numerosos compañeros y amigos víctimas de la represión. En aquellos años dolorosos e intensos, mantuvo una estrecha relación con León Duarte, María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni. El 5 de diciembre de 1975, León Duarte le planteó la posibilidad de abandonar Argentina pero él decidió permanecer en Buenos Aires hasta julio de 1976, cuando León Duarte fue secuestrado y desaparecido junto a otros militantes.
Martínez se exilió en Europa junto a su compañera, residió en Suecia, donde tuvo la oportunidad de estudiar Medicina, aunque decidió no avanzar en la carrera. Durante el exilio fue lavacopas, limpió pisos, fue docente de idioma español, y no paró de trabajar y militar. El periplo del exilio se puede resumir en ciudades que lo abrazaron y le brindaron la oportunidad de seguir viviendo. Desde Estocolmo partió rumbo a Francia y posteriormente se radicó en Venezuela durante cuatro años, hasta 1983. En 1984 se trasladó a Buenos Aires y en setiembre de ese año regresó a Uruguay.
Ya en casa, en marzo de 1985 fue restituido en su lugar de trabajo tras el retorno democrático.
Ignacio Martínez es uno de los escritores más prolíficos de la literatura uruguaya contemporánea. Ha publicado alrededor de 132 libros dirigidos a niños, jóvenes y adultos. Su producción literaria está orientada principalmente a la literatura infantil y juvenil. Actualmente es responsable del Departamento de Cultura del PIT-CNT.
Se desempeña como presidente del Consejo de Derecho de Autor del Ministerio de Educación y Cultura y coordina tres talleres literarios en FUCVAM.
Su trayectoria combina militancia sindical, defensa de los derechos humanos, promoción cultural y una extensa labor como escritor.