Preocupados por el cierre de empresas, los despidos y la falta de una hoja de ruta productiva, los sindicatos industriales plantean la necesidad de impulsar una Estrategia Nacional de Desarrollo que priorice la innovación, el valor agregado y la formación profesional. El presidente de la Confederación de Sindicatos Industriales (CSI), Danilo Dárdano, advirtió sobre la «batalla cultural» que enfrenta el movimiento sindical y cuestionó el avance de discursos que responsabilizan a los derechos laborales por la pérdida de empleos. Además respondió al titular de la cartera de Economía señalando que «si la casa verdaderamente estuviera en orden no tendríamos asentamientos ni precarización laboral».
El presidente de la Confederación de Sindicatos Industriales (CSI), Danilo Dárdano, se refirió -en diálogo con el Portal del PIT-CNT- al plan estratégico de la organización para los próximos meses.
Días pasados sesionó el Ejecutivo Nacional de la CSI para ajustar distintos aspectos de su accionar, como por ejemplo las recorridas por el interior, la formación técnica y el análisis de la política económica, poniendo mucho énfasis en la formación de las trabajadoras y jóvenes militantes de la Confederación. “También resolvimos pedir una audiencia a los ministros Juan Castillo (Trabajo y Seguridad Social) y Fernanda Cardona (Industria, Energía y Minería), y culminar con el presidente de la República, Yamandú Orsi, para tener de primera mano la opinión de los ministros y del Presidente sobre los planteos de la CSI y el movimiento sindical, especialmente en lo que se entiende como una Estrategia Nacional de Desarrollo”, dijo Dárdano.
“Estamos muy preocupados porque han seguido cerrando empresas y fábricas y ocurriendo reestructuras con despidos, tanto en Montevideo como en la zona metropolitana, pero especialmente en el interior de nuestro país. Por tanto, nos sigue preocupando y ocupando esa situación”
El dirigente sindical entiende que no hay perspectivas claras, no hay una hoja de ruta, y dijo que desde la CSIquieren realizar aportes. “Lo decíamos también cuando declarábamos nuestra postura sobre el TLC con Europa o sobre el TLC con Singapur. Eso consolida la primarización de nuestra economía. Ojalá podamos rever, como país, tener una simetría teórica, por lo menos en las salvaguardias. Algo similar a lo que definió la Unión Europea sobre el cuidado de su agricultura y agropecuaria”.
Manifestó que lo mismo se podría aplicar en Uruguay a nivel de la industria manufacturera especialmente. “Si no, somos unos inocentes que nos estamos dejando matar la industria a nivel del MERCOSUR”.
Competir con innovación y no con salarios bajos
Al ser consultado sobre la existencia de una mirada de algunos sectores conservadores que dicen que las empresas cierran o se van del país porque los costos son caros -salarios caros o derechos laborales caros- respondió que está por finalizar un estudio comparativo. “Lo vengo haciendo muy artesanal, comparativamente: producción, costo productivo, costo de energía, salarios en Uruguay, Singapur y Paraguay. La conclusión o la primera mirada sería que copiemos a Singapur. Y no estoy hablando del partido político ni del régimen; estoy hablando del desarrollo productivo, industrial y económico de estos tres países”.
En ese sentido, Dárdano dijo que Singapur compite con altos salarios. “Los oficiales de la industria manufacturera son de alrededor de 5.000 dólares. El costo de vida es superior, está claro, pero a esos salarios. Con Paraguay son 600 dólares y nosotros debemos estar alrededor de 1.500 o 1.600 dólares promedio”. Pero ha innovado mucho Singapur, compite con alta innovación tecnológica. Por ejemplo, son fabricantes de microchips. Se han insertado en el mundo con alta formación profesional y mucha innovación tecnológica, remarcó.
En contraposición, Paraguay se ha insertado en las cadenas globales y regionales de valor más que nada compitiendo con salarios muy bajos, pobres condiciones normativas, con lo que se llama la ley de Maquila y con la energía que tiene alrededor de la cuarta parte del costo que tiene Uruguay”. Aclaró que no estaba realizando un juicio de valor contra las y los trabajadores paraguayos.
Dárdano recordó que el senador del Partido Nacional, Sebastián Da Silva, planteaba que había que “flexibilizar” las condiciones salariales para poder competir. “Nosotros estamos en contra de esa propuesta porque hay otras posibilidades. Mencionaba a Singapur, podría decir Alemania, podríamos hablar de Francia, incluso de Estados Unidos, que no compiten con salarios de hambre. Le han agregado valor, han mejorado la productividad en el buen sentido de la palabra”.
“Discutir la productividad siempre lo reclamamos. No estamos hablando de destajo a façon que te destrocen los brazos trabajando. Sí de agregar valor e innovación. Para eso tenemos que tener un colchón social que soporte la transición de un país primarizado como el nuestro”
El dirigente sindical opinó que “siempre queda gente por el camino con esa innovación tecnológica”. Por lo tanto tiene que haber un “colchón que el Estado, los trabajadores e inclusive los empresarios, que entre todos podríamos diseñar, que nos permita no tener esa espada de Damocles sobre nuestras cabezas”.
“Porque yo agrego innovación, robotización, soy más competitivo como país, pero va dejando gente por el camino. Entonces, en esos sectores que va quedando gente por el camino, se requiere formación profesional acorde y calificada”, añadió.
Aclaró que su planteo no es suplantar al Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP) sino ayudarlo. En ese marco preguntó por la planificación productiva industrial que va a comenzar en Uruguay, porquese pueden tener recursos, como tiene INEFOP, buena voluntad, pero se necesita que Uruguay defina hacia dónde va. “Y hacia dónde va tiene que ver también con qué formación profesional es necesaria”.
La “batalla cultural”
Al ser consultado sobre cuánto pesa que el discurso conservador comience a convencer a trabajadores de que está bien que ya no tengan derechos, el dirigente sindical respondió que eso ya está ocurriendo y que hay que dar la “batalla cultural”.
“Eso es lógicoque un gran empresario, un ‘malla oro’, como decía el gobierno de Luis Lacalle Pou, un latifundista plantee la flexibilización salarial, porque estamos hablando de diferentes clases y diferentes intereses. El problema que estamos teniendo es que hay trabajadores que están repitiendo lo mismo. Yo no creo que sean malos ni buenos; en mi opinión lo hacen porque les han colocado el chip y el miedo de que se van a quedar sin trabajo”, planteó.
“Entonces dicen: ‘te quedas sin trabajo porque los sindicatos reivindican mucho, porque los sindicatos tiran mucho de la cuerda y las empresas se van por los sindicatos’, como ocurrió con la empresa Yazaki, que luego tuvo que retractarse”, recordó.
También se refirió al cierre de la metalúrgica ClaSienz en la Zona Franca de Colonia, que dijo en el Ministerio de Trabajo que no iba a pagar los créditos laborales, y se trata de una empresa que tenía muchas exoneraciones.“En ese caso no había conflicto, no fue culpa de los trabajadores. Hubo un vaciamiento empresarial y casos similares ocurrieron en otros sectores de la industria”.
Agregó que “en este mundo en el que todo va más rápido, que no se estudiay ni siquiera se llega a leer lo necesario”, se corren mucho riesgos de perder esa batalla cultural, la que -aseguró-debe darse en las asambleas con los trabajadores, en las familias y en los barrios. “Porque si no van matrizando que lo mejor, la mejor defensa de los trabajadores, es no tener ningún sindicato. Y sabemos que es mentira”.
“Cuando estamos tomando unos mates con nuestra familia, con nuestros hermanos, nuestros hijos, se debe dar esa discusión. Eso no nos exime de cometer errores, pero no confundir cometer errores con plantear que la mejor defensa es decir ‘yo soy solo contra el mundo’. Es una gran mentira”, remarcó.
Dárdano señaló que en los años noventa cuando un trabajador se presentaba a algún trabajo, el empresario le preguntaba cuánto quería ganar. Y si el trabajador cometía el error de decir el laudo quedaba automáticamente afuera por conocer el laudo.“Como cuando había talleres metalúrgicos que querían que nos cortáramos el pelo o la barba para trabajar en un depósito”.
“Si no logramos dar la batalla cultural rápidamente vamos a seguir teniendo ese impacto en la gente que equipara la caída de trabajo, la ida de fábricas o de empresas en general, a que es culpa de los sindicatos”, lamentó.
Reconoció que desde el gobierno el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, “viene dando una pelea”.
“Compartimos 150% lo que viene planteando el ministro referido a que la empresa informe con anticipación cuando se retira del país. Si es una multinacional, 99% se va. Si una persona trabaja en una multinacional con un salario digno, con el que ayuda a sus padres o familia, si tiene claro que dentro de seis meses la empresa se va, seguramente no pueda continuar realizando esa ayuda. Entonces ese trabajador se prepara en esos meses para ver cómo entre todos pueden cubrir las necesidades. Ahora, de un día para el otro, es una debacle, un impacto social en la zona, en las familias y en el trabajador, porque afectaa su salud mental”, dijo.
Cuestionó que en los últimos meses “muchas empresas han dejado a trabajadores sin empleo con un aviso por WhatsApp o un correo, sobre todo en las multinacionales cuyos dueños nunca aparecen”. Añadió que esto también se ha utilizado por patronales y por algunos actores de derecha diciendo que esto corre a las inversiones.
Por otro lado, dijo que existió un planteo que no cayó bien en los sindicatos industriales, sobre una frase del ministro de Economía y Finanzas Gabriel Oddone, quien seguramente se estaba refiriendo a la macroeconomía cuando dijo que “la casa está en orden”.
“No compartimos esa afirmación porque cuando decimos ‘la casa está en orden’ nos estamos refiriendo al Uruguay. Si la casa estuviera en orden no tendríamos la cantidad de asentamientos que tenemos, el hacinamiento carcelario o las periferias cada vez más grandes.No tendríamos muchísima gente con problemas de empleo o la precarización laboral”, expresó.
En cambio, dijo que sí comparte algunas palabras del presidente de la República, Yamandú Orsi, en el Parlamento, cuando habló de “innovación tecnológica, agregado de valor, insertarse en las cadenas regionales de valor y del mundo”.
“Están bien esos planteos y por ello queremos hablar con el presidente Orsi, para plantear cómo logramos que ese objetivo, en nombre de su gobierno, se llegue a transformar en una planificación y no quede solamente en la buena voluntad o en un discurso en el Parlamento. Queremos achicar esa brecha entre lo que se dice y lo que se hace. Y ahí también la autocrítica del movimiento sindical, y en particular de los trabajadores y trabajadoras industriales, en dar una mano con compromiso”, sentenció Dárdano.