La directora del Departamento Internacional de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL – CIO), Cathy Feingold, denunció que el gobierno de Donald Trump lleva adelante una "ofensiva feroz contra el movimiento sindical", ya ha eliminado el derecho a la negociación colectiva para un millón de trabajadores federales, y alertó que el avance de las políticas represivas contra migrantes -con un rol creciente del ICE- además de la "corrupción, violencia e intimidación" electoral "ponen en riesgo la democracia en los Estados Unidos".
En un contexto que define de "turbulencia, corrupción y violencia", Cathy Feingold, directora del Departamento Internacional de la AFL-CIO, explicó que la administración Trump está llevando adelante "una ofensiva sin precedentes contra los derechos laborales, las libertades civiles y las comunidades migrantes en Estados Unidos".
Dijo que el gobierno de su país ha impulsado medidas que van desde la "desregulación del sector tecnológico y la reducción de programas sociales hasta el fortalecimiento del aparato represivo del Estado, especialmente a través del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)".
Feingold advirtió que ya "se ha eliminado el derecho a la negociación colectiva para un millón de trabajadores federales".
También denunció prácticas de "vigilancia, persecución y detención" de migrantes, así como niveles de corrupción "abiertamente visibles" en la conducción del gobierno.
Frente a este escenario, explicó que la respuesta del movimiento sindical de los Estados Unidos la está desplegando en distintos planos como la "organización, capacitación en resistencia no violenta, asistencia legal y construcción de redes de apoyo para comunidades vulnerables".
Además, alertó sobre "riesgos democráticos" de cara a los próximos procesos electorales, incluyendo intentos de "intimidación a votantes y manipulación de distritos electorales".
Aun así, sostuvo que existe una resistencia extendida -muchas veces silenciosa- en ciudades grandes y pequeñas, y reafirmó que "el fascismo no triunfará".
Feingold remarcó la convicción que "colectivamente vamos a resistir, y vamos a ganar, porque la gente no quiere un futuro negativo, quiere una visión de esperanza. El movimiento sindical tiene el poder, la visión y la unidad. Sí vamos a ganar", enfatizó.
¿Cómo están viviendo las y los trabajadores de Estados Unidos este proceso tan extremo de las políticas del presidente Donald Trump, no solo a nivel internacional, sino particularmente a nivel interno?
Es una lucha continua, constante. Yo diría que nos despertamos todos los días en lucha. Hace un año, Trump decidió que iba a enfocarse en tratar de romper al movimiento sindical del país. Empezó con la eliminación del derecho de negociación colectiva de un millón de trabajadores del sector federal, es decir, del sector público en este país. Y hay muy poca gente que entiende el impacto que eso significa. Hoy en día, un millón de trabajadores del sector federal no tiene derecho a la negociación colectiva.
Me gusta compararlo con la situación en los años 80, bajo la administración de Ronald Reagan, cuando ocurrió una huelga muy famosa de quienes manejaban el tráfico aéreo. Ellos hicieron una huelga y, en aquel entonces, eran cerca de 13.000 trabajadores los que perdieron su derecho a la negociación colectiva, y para nosotros eso era algo extremo. Pero hoy vemos que, en las primeras semanas de esta administración, se eliminó ese derecho para un millón de trabajadores, y los ataques han sido constantes.
Tiene una agenda de desregulación del sector tecnológico, de las protecciones laborales y del medio ambiente. Está tratando de romper el Estado administrativo y, además, están los ataques en nuestras ciudades y comunidades y a los trabajadores migrantes, que para nosotros es como si fuéramos nosotros mismos. No entendemos que debamos pensar en una separación entre la comunidad migrante y nosotros como comunidad trabajadora. No se nos puede dividir. Si atacan a uno, es un ataque a todo el pueblo.
Lo que hemos vivido aquí en Washington, Los Ángeles, Portland y Minneapolis, entre otras, es muy grave. Han matado personas, han enviado personas a campamentos de detención violando los derechos constitucionales de todos.
Este ha sido un año de turbulencia, de mucha violencia. Estamos viendo niveles de corrupción que no habíamos vivido. Aquí en los Estados Unidos, por supuesto, siempre han existido, pero tenemos un presidente que es abiertamente corrupto. Vemos, por ejemplo, en las negociaciones con Irán, que sus familiares están aprovechando para ganar mucho dinero. Están involucrados en los negocios. Es una guerra y ahí el Presidente está tratando de ver cómo su gente, su familia, puede beneficiarse de ese momento.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha sido comparado con la Gestapo de Adolf Hitler. ¿A los sindicatos también les han perseguido?
Sí, claro. Es una comparación muy importante y coincido con esa imagen de la Gestapo de Trump. Es todo vergonzoso. Empezando por el dinero que están gastando. Tenemos tantas prioridades, como garantizar salud accesible o asegurar que la gente pueda comer, pero están reduciendo todos los programas sociales del gobierno. Y mientras reducen los programas que impactan a la gente trabajadora, están aumentando el presupuesto para el ICE, que es más elevado que los recursos que recibe todo el Ejército de Uruguay y de países más grandes.
El presupuesto destinado solamente al ICE es como el de un ejército completo, y no tienen que rendir cuentas a nadie. Portan máscaras, nadie sabe quiénes son. Por eso la comparación con la Gestapo es perfecta. Hay mucha gente señalándolo en distintas partes del mundo. También estamos en un nuevo momento, comparable con lo que pasó en Alemania, pero ahora con la tecnología, que permite monitorear el movimiento de las personas. Es increíble. Estamos en un estado donde se utiliza la tecnología como herramienta de represión y persecución. Tienen nuevos instrumentos. Hoy en día están revisando medios de comunicación y redes sociales de las personas.
Por ejemplo, me han dicho a mí que soy demasiado "woke". Nos han quitado la acreditación ante la Organización Internacional del Trabajo, diciéndome a mí y a mis colegas de la Federación que somos demasiado "woke". Entonces no nos van a dar la acreditación para participar de la 114 Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra, teniendo en cuenta que desde 1919 siempre hemos participado en la OIT.
¿Qué tipo de acciones están tomando como movimiento sindical?
Si ves las imágenes en televisión, se puede apreciar a personas con chaquetas amarillas. Ellos son integrantes del movimiento sindical. Estamos capacitando a miles de personas en técnicas no violentas. Porque lo que quiere el ICE y la administración Trump es decir que las ciudades son muy violentas, que la gente protesta con violencia, lo cual no es cierto. Son personas protestando de manera pacífica y nos envían gente violenta a reprimir a nuestras ciudades.
Entonces tenemos un enfoque claro: como movimiento sindical debemos capacitarnos para mantener la paz durante las marchas. Estamos realizando muchas capacitaciones llamadas "Know Your Rights" (Conozca sus derechos). Hemos llevado adelante aproximadamente mil talleres y eso no ha salido en ningún medio informativo. Pero estamos construyendo resistencia con estas herramientas. También tenemos materiales informativos en 25 idiomas para las comunidades migrantes, sobre cuáles son sus derechos si el ICE llega a su casa; por ejemplo, explicando que no tienen que abrir la puerta y tampoco tienen que ir con ellos.
Además, hemos creado fondos de apoyo legal, lo cual ha sido muy importante para muchas familias afectadas. Si se llevan a una persona a un centro de detención en Texas, por ejemplo, pero vive en Minneapolis, tenemos 24 horas para conseguir una orden judicial -habeas corpus- que evite esa detención. Hemos creado una estructura legal para apoyar a nuestros miembros migrantes que están en una situación precaria y protegerlos, porque son parte de nuestro movimiento y nuestras comunidades. Para nosotros es un gran compromiso y no queremos al ICE en nuestras comunidades.
También tenemos la situación de la Copa Mundial de Fútbol, que comienza el 11 de junio. Estoy manejando una campaña para informar que el ICE no forma parte de la seguridad en los estadios ni en las comunidades donde los migrantes irán a ver los partidos.
¿Existe alguna forma de revertir la situación de no poder concurrir a la reunión de la OIT?
Estamos dando nuestra batalla para lograrlo porque se debe respetar la legalidad y nuestros derechos. Esta situación comenzó el año pasado pero quiero recordar la historia de la OIT porque es muy importante. Fue creada en 1919, en una época de mucho fascismo e inestabilidad. Empleadores, gobiernos y sindicatos decidieron que se necesitaba una organización internacional que reconociera la importancia del diálogo social y estableciera estándares globales.
La OIT ha continuado por más de 100 años y nunca habíamos tenido un problema en los Estados Unidos. Sin embargo, esta administración ha decidido que cualquier persona que crea en la justicia social, la equidad o que reconozca la crisis climática es considerada «demasiado woke». Entonces, el año pasado nos quitaron la acreditación. Ahora estamos participando nuevamente en las negociaciones. Si la administración Trump pretende decirnos quiénes pueden integrar la delegación, les diremos que eso es ilegal según la Constitución de la OIT. Ningún gobierno puede decirle a un movimiento sindical quién debe representarlo. Es un modelo muy peligroso, porque vemos que la derecha está ganando terreno en Latinoamérica y en Europa.
Como movimiento sindical debemos mantenernos firmes en nuestra visión de lo que queremos para la OIT. Queremos una organización sin intervención de los gobiernos en los asuntos sindicales. Debemos ser independientes. La Constitución de la OIT lo establece, pero también somos conscientes que muchos países no quieren criticar a la administración Trump por temor a represalias, por interés económico o por afinidad ideológica.
Más allá de que el presidente Trump ha insultado y destratado a líderes internacionales como Macron, Sánchez, Petro y hasta el Papa León XIV
Sí. Acabo de regresar de la Cumbre Progresista de Barcelona. Estuve allí porque quería compartir con el movimiento sindical lo que estamos haciendo en EE.UU. Muchas veces la gente me pregunta por qué no ven movilizaciones masivas en las calles protestando contra Trump. Y sí hay millones de personas que se han estado movilizando y protestando en las calles en distintas ciudades y estados pero también hay millones que están resistiendo de otras maneras. Hay protestas, por supuesto, pero también estamos en las cortes y en el Congreso. No solo las grandes protestas son importantes; también lo son las pequeñas, en comunidades donde normalmente no hay manifestaciones, porque son comunidades generalmente más conservadoras. Y que en esos lugares también la gente proteste y resista, es como un pequeño terremoto que está ocurriendo. Hay personas que antes apoyaban abiertamente a los republicanos o a la figura de Donald Trump y hoy dicen que es peligroso. Estamos ganando terreno en lugares donde antes no había apoyo.
Esa construcción cotidiana y silenciosa en pueblos y pequeñas ciudades, ¿es parte de los frenos -tal vez poco conocidos- que la sociedad y los sindicatos le están colocando a Trump?
Sí. La resistencia es algo de todos los días. Y en muchos planos. Estamos tratando de proteger a los migrantes con una política pública que se llama Temporary Protected Status (TPS) o Estatus de Protección Temporal, un beneficio migratorio temporal otorgado a personas que provienen de países que enfrentan crisis graves. Pero la Corte Suprema sigue tratando de eliminar protecciones para los migrantes y por ello, estamos accionando respuestas con nuestros abogados. Esa actividad de protesta es en estas horas, pero cada día realizamos muchas acciones de resistencia y eso está pasando en ciudades grandes y pequeñas.
¿Hay nuevamente riesgos democráticos en Estados Unidos, tal como ocurrió en 2021?
Sí, absolutamente. Por ejemplo, aquí mucha gente vota por correo, algo que creció durante la pandemia, ya que no tenemos un feriado electoral como en muchos países latinoamericanos. Y recientemente Trump dijo que quiere eliminar ese sistema lo que afecta directamente a los trabajadores a los que se les dificulta ir a votar. También han planteado enviar agentes del ICE a los centros de votación. Eso es intimidación. Si te ven como una persona extranjera, pueden detenerte. Es racismo. Además, existe preocupación por el «gerrymandering», es decir, la manipulación de distritos electorales para favorecer a un partido. Y también se están creando más barreras para votar, exigiendo documentación excesiva. En realidad, históricamente no ha habido problemas de fraude electoral pero Trump intenta instalar la desconfianza en el sistema democrático. Es una estrategia que también vemos en otros países. Es la estrategia de los fascismos.
Según datos que reveló la presidenta de AFL - CIO, el apoyo a los sindicatos en EEUU es muy importante y particularmente es un fenómeno que crece en los jóvenes.
Es que los jóvenes entienden que no se puede avanzar de forma individual. Se necesita un movimiento colectivo para defender derechos colectivos, para mejorar la situación laboral. Hay mucho apoyo, pero el problema es que la ley laboral en Estados Unidos está muy deteriorada. Es muy difícil formar sindicatos. No existe negociación por sector, sino empresa por empresa. Además, hay una industria corporativa antisindical. Por ejemplo, cuando los trabajadores de una empresa de comidas rápidas intentan organizarse, la corporación internacional invierte millones de dólares en campañas antisindicales, en lugar de invertir en sus trabajadores, en mejorar los salarios, en lugar de mejorar las condiciones laborales o la salud de sus empleados.
Hay apoyo y confianza de la población hacia los sindicatos pero el sistema dificulta la organización.
A pesar de todo, ¿es optimista?
El fascismo jamás triunfará, porque nuestro espíritu es más fuerte. Los trabajadores sabemos cuáles son las prioridades, empleo digno, protección social, equidad en nuestros empleos y comunidades.
Tenemos una visión de esperanza. Ellos tienen una visión de violencia.
Nosotros estamos construyendo un futuro donde nuestros hijos y nietos puedan vivir libremente, conociendo sus derechos y con dignidad. Creo que colectivamente vamos a resistir y vamos a ganar, porque la gente no quiere un futuro oscuro. Quiere esperanza.
Tenemos el poder, la visión y la unidad. Y vamos a ganar.
Perfil
Cathy Feingold es directora del Departamento Internacional de la AFL - CIO (Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales), la federación sindical más grande de Estados Unidos, representando a casi 15 millones de trabajadores. Feingold es una destacada defensora de los derechos laborales a nivel mundial. En 2018, fue elegida vicepresidenta de la Confederación Sindical Internacional (CSI), la organización que representa a 200 millones de trabajadores sindicalizados en todo el mundo. Cuenta con más de 20 años de experiencia en comercio, política económica global y derechos laborales, humanos y de la mujer.
Feingold es licenciada por el Pitzer College y posee una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Columbia.