En un escenario internacional marcado por guerras, disputas geopolíticas y el debilitamiento del sistema multilateral, el responsable de Relaciones Internacionales del PIT-CNT, José Olivera, cuestionó la política exterior del gobierno uruguayo y advirtió sobre los riesgos de mantener una postura ambigua. A su entender, frente a un mundo cada vez más polarizado y atravesado por conflictos, Uruguay debe asumir definiciones claras y abandonar una actitud “dubitativa” que, según señaló, puede terminar favoreciendo el avance de sectores de extrema derecha y debilitando la defensa de los pueblos.
José Olivera, responsable de la Secretaría de Asuntos Internacionales del PIT-CNT, se refirió a los diferentes enfrentamientos bélicos que se han desatado en el mundo y que tienen principalmente a Estados Unidos como protagonista.
“Si se tuviera que establecer una periodización, marcar un mojón, sería el 3 de enero que nos despertamos con la noticia de que el orden mundial tal cual se había construido desde la salida de la Segunda Guerra Mundial -donde el gran objetivo de instituciones como la ONU era el mantenimiento de la paz- había cambiado. Esto no quiere decir que ese orden no se haya violentado antes, pero se mantenía cierto equilibrio, por lo menos hasta lo que se conoce como la caída del socialismo realmente existente”, señaló.
Según Olivera, ese equilibrio no implicaba ausencia de conflictos, pero sí la existencia de mecanismos multilaterales que buscaban preservar la paz. “Había formas donde el multilateralismo siempre encontraba mecanismos para cumplir con su objetivo, que era el mantenimiento de la paz. Bueno, ese mundo ordenado de esa manera voló por los aires”, afirmó.
A su entender, ese quiebre responde a una nueva lógica impulsada por Estados Unidos. “El imperialismo norteamericano, particularmente en una nueva lógica de enjuagar, esconder o resolver sus problemas internos, en una situación económica muy compleja desde el punto de vista de su economía, vuelve a apelar a la guerra con acciones donde pretende construir un orden donde no hay normas, donde la fuerza es lo que ordena este nuevo mundo. Y cuando digo fuerza no hablo solamente de la fuerza militar, también de la fuerza económica”, explicó.
En ese sentido, Olivera sostuvo que se trata de una política que combina presiones económicas y poder militar. “Amenaza, reparte aranceles a diestra y siniestra y establece sanciones. Es decir, un poder económico que todavía tiene en el dólar un elemento ordenador, más allá del declive que se está viviendo en los últimos días, funciona con una política arancelaria de presión. Y si eso no alcanza, están las armas”, indicó.
El dirigente sindical recordó además que el deterioro del orden internacional ya se evidenciaba antes. “El 3 de eneroes la concreción de un eje donde un actor entra a actuar regularmente, que es el imperialismo norteamericano. Pero no nos podemos olvidar de Gaza, no nos podemos olvidar de lo que hizo el Estado de Israel, su gobierno particularmente, en Gaza. Un genocidio a cielo abierto donde ya se demostraba a la comunidad internacional ese multilateralismo como incapaz, e ineficiente para hacer cumplir las reglas de la convivencia internacional”.
Para Olivera, ese episodio marca un nuevo escalón en una escalada de violencia global. “El 3 de marcó un jalón más en ese ‘in crescendo’ de la violencia y del poder como elemento ordenador de este momento”, sostuvo.
Asimismo, advirtió que existe una narrativa que busca legitimar ese nuevo orden. “Hoy ya el enemigo no es el comunismo. En su momento pasó a ser el terrorismo y hoy ya se habla del narcotráfico. Entonces se asocia narcotráfico con terrorismo. El caso de Venezuela es clarísimo”, señaló.
El trasfondo de todas las luchas
Según explicó el dirigente sindical, detrás de los conflictos se encuentran intereses económicos vinculados a recursos estratégicos. “El negocio y los intereses por las materias primas y los recursos energéticos son el trasfondo de todas estas luchas. El tema es que, en una supuesta lucha contra el narcotráfico asociada al terrorismo, parece que hay un ‘sheriff’ mundial suelto con derecho a saltearse todas las normas y todas las instituciones”.
En ese marco, Olivera planteó que se configura una especie de poder imperial sin límites. Recordó el mandatario norteamericano “ha dicho que la única limitación es su condición moral. Es decir, una especie de emperador del siglo XXI que actúa al margen de las normas”.
El dirigente también vinculó esta situación con la histórica doctrina Monroe. “Lo de Venezuela también explica, en algún sentido, la recreación de la vieja doctrina Monroe, donde siempre, desde los tiempos de la primera independencia, Estados Unidos consideró a América Latina su patio trasero”, afirmó.
A su entender, la disputa geopolítica con China vuelve a colocar a la región en el centro de los intereses estratégicos. “En esta disputa que tiene Estados Unidos por el desarrollo económico con China, apoderarse de las fuentes de recursos naturales es un tema clave para cualquier economía. Y el petróleo ahí juega un papel central, pero no solamente el petróleo, también los minerales raros y la biodiversidad”.
Olivera planteó además que el discurso de combate al narcotráfico podría utilizarse como justificación para futuras intervenciones. “En esta lógica de que se está enfrentando al narcoterrorismo, mañana Trump podría encontrar los argumentos para invadir Brasil y combatir al Comando Vermelho o al Primer Comando Capital, al margen de cualquier norma internacional. No lo está haciendo, pero sí está promoviendo la instalación de gobiernos afines”.
En ese sentido mencionó distintos casos. “Lo hizo en Argentina con Javier Milei, lo hizo en Honduras, donde incluso 48 horas antes condena la pena a un narcotraficante procesado por la propia justicia norteamericana. Y también va a tratar de incidir en la elección de Brasil con Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente”.
Según Olivera, el avance de la extrema derecha forma parte de esta estrategia. “Hay un poder que se sustenta en el uso de la fuerza económica o militar, en la construcción de un relato que pretende justificar todos sus actos, pero también en una acción política que implica el avance de la extrema derecha por vía electoral”.
El dirigente sindical también mencionó un reciente encuentro regional. “Si miramos lo que aconteció el sábado pasado en Miami, donde doce o trece países de América Latina y el Caribe fueron a rendir pleitesía y a ponerse a la orden del jefe, uno diría que estamos en una especie de Plan Cóndor 2.0”.
A su entender, bajo el pretexto del combate al narcotráfico se articula una ofensiva política regional. “Lo que se está coordinando es la articulación de una avanzada de la extrema derecha para procesar cambios profundos en un sentido contrario a los intereses de nuestros pueblos”.
El rol del movimiento sindical
Olivera planteó que frente a este escenario el movimiento sindical ha definido tres líneas de acción. “Desde el PIT-CNT venimos trabajando fuertemente en tres elementos base. Uno es el internacionalismo, comprender que lo que pasó en Gaza, lo que está pasando en Venezuela o la amenaza sobre Cuba no es un problema solamente de esos pueblos, es un problema de la humanidad”.
El segundo elemento es el antiimperialismo. “El campo popular ha construido a lo largo de su historia una concepción de combate al imperialismo, particularmente al imperialismo yanqui, que hoy viene reeditado y recargado”.
Y el tercero es la solidaridad. “Tenemos que ser capaces no solamente de entender estos temas como problemas propios y tener claro de dónde se originan, sino también desarrollar la solidaridad”.
En ese marco recordó distintas acciones impulsadas desde el movimiento sindical. “Lo vimos el 28 de febrero, por ejemplo, en la caravana de solidaridad con el pueblo cubano y en la campaña de recolección de fondos y distintos insumos que estamos llevando adelante”. Según explicó, se están distribuyendo bonos de colaboración. “Esos bonos pueden conseguirse en la sede central del PIT-CNT. Los estamos colocando junto con el conjunto de organizaciones que integran el Comité Antiimperialista de Solidaridad con Cuba y los Pueblos del Mundo”. Cada bono tiene un valor de 100 pesos.
Críticas a la política exterior del gobierno
Olivera también se refirió al rol que debería asumir Uruguay en este contexto internacional. “Es importante que el gobierno asuma una actitud más proactiva y no esta cuestión de que la ola lo arrastre para el lado que sea”, afirmó.
A su entender, la política exterior no puede basarse en la neutralidad. “No alcanza con decir que el objetivo es presidir organismos multilaterales y entonces no van a enojar ni a uno ni a otro. Hay que estar a la altura de las circunstancias históricas concretas y marcar una postura”.
En particular, reclamó una respuesta solidaria hacia Cuba. “Un Uruguay que recibió durante décadas solidaridad concreta por parte del pueblo cubano y su revolución no puede seguir demorando una ayuda humanitaria concreta. Es imperativo que eso sea ahora”.
Para Olivera, la ambigüedad puede tener consecuencias políticas. “Esta lógica de una política exterior que camina por el pretil en un momento donde el mundo está incendiado es muy peligrosa para el país y para el propio gobierno”.
“No es momento para ambigüedades. El gobierno tiene que tomar definiciones claras”
Consultado sobre el aumento del descreimiento y la desesperanza que señalan algunas consultoras en Uruguay, Olivera afirmó que existe un “doble proceso”.
“Por un lado, en términos políticos partidarios, la izquierda dejó de ser izquierda. Hay una priorización de ganar elecciones y eso ha llevado a que, desde el punto de vista de su definición, principios y políticas, los sectores de izquierda hayan ido perdiendo identidad y adoptando un discurso de centro”, sostuvo.
Según explicó, mientras la izquierda se modera, la derecha se radicaliza. “Hoy ganan gobiernos de extrema derecha diciendo lo que van a hacer, sin pudor, mientras que sectores de izquierda adoptan un discurso timorato donde se licúa cualquier principio vinculado a la justicia social o a la garantía de derechos”.
También señaló que la derecha ha logrado instalar con éxito su narrativa. “Le ha quitado a la sociedad cualquier perspectiva de futuro”.
Como ejemplo mencionó el proceso constitucional chileno. “El 80% de la sociedad votó por modificar la Constitución heredada de Pinochet. Distintos colectivos quisieron plasmar sus visiones, pero era una sumatoria de visiones sin una única perspectiva”.
El resultado fue el rechazo del proyecto y un giro político. “El corolario de todo esto fue el triunfo de un gobierno que implica el retorno del pinochetismo a la estructura del Estado”.
Riesgos para Uruguay
Ante la consulta sobre si un escenario similar podría ocurrir en Uruguay, Olivera respondió que no se puede descartar.
“Tenemos que romper con la hipocresía de que en Uruguay hay cosas que no pasan. Hoy están presentes dos elementos: la radicalización de la derecha y la presencia de sectores de extrema derecha dentro de los partidos de la oposición”
También criticó el clima político reciente. “Hay una política del enchastre, del barro, del ataque a las personas y no a las ideas”.
Como ejemplo mencionó lo ocurrido en el Parlamento. “El otro día vimos legisladores con carteles cuestionando el discurso del presidente en pleno Parlamento. Eso marca una posición política de un sector de la derecha”.
Finalmente, advirtió que la falta de definiciones del gobierno puede favorecer ese escenario. “Esta cuestión dubitativa del gobierno, esta tibieza en sus definiciones, no solamente genera descontento dentro de sus propias filas, sino que también abona el terreno para la avanzada de estos sectores de extrema derecha”.