Militantes de fierro
Duermen poco porque casi no tienen tiempo para descansar y porque a veces también les gana el desvelo. Escuchan. Leen. Preguntan mucho hasta que se forman opinión. Y a partir de ese momento, no los para nadie. Salen a recorrer calles, fábricas, oficinas, plazas, ferias, rutas. Cuando es necesario, se trepan a los árboles, se suben a las unidades de transporte colectivo para terminar de convencer a quien dudaba de algo. No hay tiempo, no hay hora, no hay reloj, como dice la canción.