El dirigente de la CGT y representante latinoamericano ante la OIT, Gerardo Martínez, advirtió sobre la persistencia de la “desigualdad, la falta de diálogo institucionalizado y las violaciones a los derechos sindicales en la región”. También alertó por la “crisis del multilateralismo, el desfinanciamiento de la OIT y el avance de conflictos que afectan directamente a trabajadores y trabajadoras en todo el mundo”.
Gerardo Martínez, secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT), miembro titular del Consejo de Administración en representación de Latinoamérica e integrante del Comité de Libertad Sindical -ámbito donde se evalúa el comportamiento de países y empresas en relación con los convenios que responden a la lógica de los derechos humanos de los trabajadores dentro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)- se refirió, en diálogo con el Portal del PIT-CNT, a la situación regional y global del ámbito laboral.
Martínez visitó la sede de la central sindical en el marco de la visita del Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Gilbert F. Houngbo.
Sobre el contexto en América Latina y el mundo, sostuvo que, más allá de la crisis que atraviesan Argentina y otros países, existe un denominador común, “la persistencia de la desigualdad, la falta de inclusión y la ausencia de diálogo”.
“Esto hace que tengamos tantas denuncias por parte de las centrales sindicales de nuestra región ante el debate que se da dentro de la OIT como diálogo tripartito. Por lo tanto, la región no está bien”, afirmó y agregó que esta situación no es nueva.
“La tarea nuestra dentro de la OIT es analizar las denuncias de las inconductas que tienen los gobiernos y particularmente muchas veces las empresas, que no respetan fundamentalmente el convenio 87 de libertad sindical y el convenio 98 de negociación colectiva”, dijo.
En ese sentido, Martínez subrayó que la salida pasa por fortalecer el diálogo. “Creemos que la mejor manera de encontrar un camino de solvencia, como muchas veces se dice en los discursos, es poner en vigencia un diálogo institucionalizado, que no sea antojadizo ni discrecional, sino que sea una política de Estado”.
Asimismo, consideró que, independientemente de la orientación política de los gobiernos, el respeto a ese diálogo permitiría abordar problemas estructurales. “Si los países de la región, más allá de la bandera política o la ideología de cada gobierno, respetan el sentido del diálogo institucionalizado, seguramente eso va a dar la oportunidad de resolver muchos de los problemas estructurales que se viven en cada uno de los países”.
El jerarca de OIT también advirtió sobre el vaciamiento del diálogo social. Señaló que, si bien se cumplen formalmente las convocatorias a ámbitos tripartitos, luego se los priva de contenido real. “Por esa razón hablo de la sustentabilidad, que debe estar garantizada no en la pretensión espontánea de un funcionario determinado, sino en políticas que permitan consolidar un proceso acumulativo frente a la desigualdad, la falta de derechos y los problemas que enfrentan países como Uruguay o Argentina”.
En ese marco, describió un panorama preocupante en varios países. “Tenemos persecución, criminalización de la protesta social, judicialización y, por lo tanto, represión. Y en otros casos debemos presentar denuncias porque no sabemos quién, pero contratan sicarios, secuestran a dirigentes sindicales. Inclusive, lamentablemente, en un país como Venezuela tenemos 18 dirigentes sindicales detenidos por el solo hecho de defender los derechos sociolaborales y la dignidad de los trabajadores y las trabajadoras”.
Si bien reconoció que existen gobiernos con posturas menos agresivas, remarcó que en la práctica no se garantizan los derechos fundamentales. “En última instancia, lo que decimos es que no se respetan los derechos constituidos, los derechos fundamentales que hacen a la dignidad de las trabajadoras y los trabajadores”.
“Los trabajadores hablamos de paz”
En relación con el escenario internacional y los conflictos actuales, consideró “inentendible” la situación global. Recordó que hacia fines de los años ochenta se hablaba de un proceso de globalización que, tras el fin de la Guerra Fría, prometía una nueva matriz política mundial para resolver los grandes dilemas de la humanidad.
“Pensábamos que se venía a resolver el problema de la desocupación, la falta de trabajo, la dignidad y los derechos de las minorías. Pero el diagnóstico no es bueno, solo evolucionó la burbuja financiera, no hubo un desarrollo real de la economía productiva”, afirmó.
Indicó que ese proceso tuvo un punto de quiebre en 2008 con la crisis financiera internacional, ejemplificada en la caída de Lehman Brothers, que evidenció los límites de “un sistema financiero descontrolado y sin regulación política global”.
A ello sumó la “crisis del multilateralismo”. Señaló que ese esquema permitía la participación de todos los países, incluso los más pobres, en el debate internacional, aunque reconoció que los avances fueron “menores a los esperados”.
“Ahora, con la irrupción de una figura como Donald Trump y una lógica que busca romper ese multilateralismo, sumado a los conflictos en Palestina y Medio Oriente, se agrava la situación”, advirtió.
Frente a este panorama, enfatizó el papel del movimiento sindical. “Los trabajadores hablamos de la paz. La paz no implica estar todos de acuerdo, pero sí agotar las instancias de diálogo. Siempre, cuando hay una guerra, quienes sufren son los pueblos, las trabajadoras y los trabajadores”.
También alertó sobre la situación de la OIT, que atraviesa un proceso de “desfinanciamiento” impulsado por grandes potencias. “Esto hace que algunos países busquen transformarla en una ONG, dejando de ser un espacio de diálogo tripartito para resolver los problemas entre capital y trabajo”, sostuvo.
Finalmente, Martínez recordó el origen histórico del organismo. “La OIT surgió en 1919, después de la revolución bolchevique de 1917, con la idea de promover el diálogo tripartito como base de la justicia social, la dignidad y los derechos. Hoy estamos discutiendo y defendiendo ese concepto estructural, para que no se lo vacíe ni se lo reduzca a un mero maquillaje”.