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"Hay que frenar a tiempo cualquier amenaza a la libertad de prensa"
Pilar Teijeiro: "Toda información falsa tiene detrás un objetivo de manipulación"
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Pilar Teijeiro
Foto: TV CIUDAD

La periodista,docente e integrante del Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (CAINFO), Pilar Teijeiro, sostuvo que la desinformación, las presiones sobre la prensa y la precarización laboral, son algunos de los principales desafíos del periodismo. Defendió el rol del chequeo de las fuentes frente a las noticias falsas, advirtió sobre los riesgos de los discursos que buscan desacreditar a los periodistas y alertó sobre la necesidad de no perder de vista problemas estructurales de Uruguay, como la pobreza infantil.

Pilar Teijeiro, conductora de InfoCapital de TV Ciudad, docente e integrante de CAINFO, en entrevista con el Portal del PIT-CNT, analizó el presente del periodismo uruguayo en un contexto atravesado por la irrupción de la inteligencia artificial, la desinformación y las crecientes presiones sobre la libertad de expresión.

También reflexionó sobre la cobertura de la crónica policial, el papel de las redes sociales, el espacio que ocupan las profesionales en los medios de comunicación y los desafíos que enfrenta Uruguay para no retroceder en materia de derechos. Por otro lado, reflexionó sobre la pobreza infantil y las perspectivas de futuro.

¿Por dónde pasan hoy los grandes desafíos y amenazas para el periodismo y para los periodistas?

Un primer eje pasa por los temas laborales. Hay una gran incertidumbre, no sólo en Uruguay, sino en el mundo, sobre el rol del periodismo. Especialmente porque la inteligencia artificial muchas veces la percibimos como una amenaza. Creo que todos nos estamos preguntando hasta dónde va a llegar y qué lugares va a ocupar. Sin embargo, pienso que va a suceder algo similar a lo que ya ocurrió con otras revoluciones tecnológicas: vamos a aprender a utilizarla mejor y a optimizar nuestro trabajo.

También está el problema del multiempleo y los salarios, que obliga a muchos periodistas a tener más de un trabajo, no siempre en las mejores condiciones, sobre todo en el interior del país.

Por otro lado, la libertad de prensa es una preocupación. Y no solo porque estemos en situaciones más vulnerables por riesgos de mercado, sino también por presiones de los gobiernos y por la desinformación, que hace mucho más compleja nuestra tarea.

¿Cuánto pesa la autocensura en el trabajo periodístico?

No quiero afirmar que es algo generalizado, pero creo que la autocensura existe, está presente y muchas veces uno se termina cuidando de decir algunas cosas o de investigar determinados temas. Pienso concretamente en el crimen organizado, para no ir solo a los temas políticos, porque creo que en Uruguay no pasa tanto por ahí. Pero sí hay asuntos que a veces da miedo investigar o llegar hasta el fondo por los posibles riesgos que implica.

¿Cómo ves el fenómeno de la crónica roja en Uruguay, que ocupa espacios centrales de una hora o una hora y media en los informativos, aunque en el caso de TV Ciudad no suceda? 

A mí me preocupa. En TV Ciudad hace años se tomó la decisión de no cubrir la crónica policial, y sí hacerlo cuando un hecho se convierte en un fenómeno social, porque ahí hay que investigar más y darle contexto. 

La crónica roja aumenta el rating. Está demostrado que las audiencias suelen aumentar cuando se explota el morbo y creo que eso es lo que está pasando. Pero yo me preguntaría, a partir de un estudio más profundo, si eso es realmente lo que le interesa a la gente.

También, en lo personal, siento que muchas veces estos temas se presentan sin demasiado contexto. No hablo del trabajo de colegas en particular, porque sé que muchos aportan muchísimo y no es nada fácil trabajar en crónica policial. Lo que no sé es si eso es realmente lo que la gente quiere o simplemente es lo que mejor rinde según el rating.

Creo que en todos los medios falta hincarle el diente a otros temas, investigarlos y tenerlos más presentes. Desde hace muchos años existe una tendencia a que las personas busquen información por otras vías, como las redes sociales. Es un fenómeno que, al menos a mí como periodista, me preocupa.

También creo que el periodista no puede guiarse únicamente por lo que la gente quiere consumir, porque no somos comerciantes de la noticia. Obviamente tenemos que mantener un vínculo con la audiencia, pero también debemos proponer temas que pueden incomodar. No a todo el mundo le tiene por qué interesar una investigación sobre cuestiones ambientales, aunque sean sumamente importantes y muchas veces no estén en la agenda con la contextualización que requieren.

Mencionabas otras vías de información a las que la gente accede a través de las redes sociales. Allí también aparecen sitios que se camuflan como espacios periodísticos y desarrolladores de contenidos falsos que incluso han incidido en elecciones en distintos países. ¿Te preocupa que eso pueda desembarcar en Uruguay?

Sí, me preocupa el contenido falso. Permanentemente tenemos que estar atentos a la información que circula y que no es cierta. Ahí me parece que se pone en valor, directamente, el oficio de periodista, que consiste, una y otra vez, en chequear la información  e ir a las fuentes.

¿Cómo afecta el fenómeno de los contenidos falsos a la democracia?

Toda información falsa tiene detrás un objetivo de manipulación, ya sea a través de portales que se presentan como medios cuando no lo son o de contenidos falsos. Incluso puede ocurrir con influencers, que no son periodistas.

Cuando alguien se hace pasar por periodista o presenta información como verificada sin que lo sea, hay un objetivo oculto de engañar a la gente. No siempre sabemos con qué finalidad; Ya se comprobó en distintos procesos electorales que, cuando existe una diferencia muy estrecha entre dos candidatos, la difusión de información falsa puede inclinar el voto hacia uno u otro lado

Durante la pandemia circulaban muchísimos bulos y, creo que más que nunca, la gente tenía que recurrir a los medios profesionales. A nosotros nos llegaba mucha información y teníamos que chequear el doble, porque muchas veces no tenía detrás una fuente confiable, como el Ministerio de Salud Pública.

Todo esto llegó para quedarse. Pero también, en tiempos de crisis, quedó demostrada la importancia del periodismo.

Las redes sociales, de las que todos nos beneficiamos de alguna manera, también plantean un riesgo. Funcionan muy bien apelando a lo emocional, y confirma lo que uno ya piensa. Eso hace que muchas veces resulten más atractivas que un trabajo periodístico, cuya lectura puede ser más exigente.

Además, la información que circula en las redes suele carecer de contexto. Por eso también hay que educar a las personas, desde la escuela, en la alfabetización mediática. Hay que enseñar a preguntarse cuál es el contexto de una información, quién está detrás, qué lenguaje utiliza y de qué intenta convencerme.

Creo que los periodistas no tenemos que convencer a nadie. Lo que debemos hacer es presentar información y distintas perspectivas para que cada persona pueda sacar sus propias conclusiones. Nuestra tarea es informar.

¿Cómo se trabaja hoy periodísticamente en los informativos de TV Ciudad? Porque, insistentemente, desde hace años se les viene acusando de ser un brazo del Frente Amplio. ¿Cómo trabajan? ¿Con qué libertad? ¿Con qué tranquilidad?

En este momento trabajamos con total libertad. Siempre sujetos a criterios editoriales y a una dirección de prensa, pero los temas se pueden plantear y discutir. Ahora estoy en el informativo de la mañana, donde puedo proponer temas, aunque básicamente me dedico a las entrevistas de la primera edición. En esta administración se pueden plantear los temas y se cubre prácticamente todo lo que resulta de interés.

¿Cuánto incide o cuánto afecta que parlamentarios estén pidiendo, incluso a los gritos, el cierre de TV Ciudad una y otra vez?

A la interna no sé si incide. Creo que hay un tema más institucional, y acá me ubico desde el trabajo que realizamos en CAINFO. En los distintos informes del Monitoreo de Libertad de Expresión relevamos este tipo de situaciones. No es nuevo que legisladoras y legisladores connotados apunten no sólo contra TV Ciudad, sino también contra periodistas cuando no les gusta el enfoque de su trabajo. Para mí, eso forma parte de un proceso en el que no se entiende lo que implica el ejercicio de la función periodística.

En algún momento, la senadora Graciela Bianchi, del partido nacional, quien más recientemente pidió el cierre de TV Ciudad, era una de las senadoras más importantes del partido de gobierno durante la administración anterior. Creo que ese tipo de planteos puede generar un impacto. Nosotros lo relevamos en los informes de CAINFO como una de las amenazas a la libertad de prensa. 

Porque entonces uno puede terminar cuidándose de lo que dice o publica para evitar que un legislador o una autoridad no lo critique, no lo deje expuesto o no le conceda entrevistas en el futuro. Y en el fondo provoca un empobrecimiento de nuestro trabajo y del debate público, de la información que llega a la ciudadanía. Me parece que hay que analizarlo desde esa perspectiva.

Los discursos de odio que promueven a viva voz el presidente de Argentina, Javier Milei, el de EEUU, Donald Trump, como tantos otros, contra los periodistas, los feminismos, los sindicatos, los migrantes y las disidencias, ¿también están ganando terreno en Uruguay?

Considero que todavía estamos lejos de lo que podemos ver con el presidente de Argentina, Javier Milei. Pero justamente por eso hay que cuidarlo desde el principio.

He participado con colegas y especialistas en libertad de expresión de otros países, y ellos nos dicen: “Uruguay, por ahora, es una isla, consérvenla. Porque el panorama en otros países de la región es muy distinto”. Pero también nos advierten: “Así es como se empieza”.

Si no lo frenamos a tiempo, después llega lo otro. 

En nuestros monitoreos decimos que, a veces, parece algo sin importancia, pero también han habido juicios o amenazas de juicio contra periodistas. Bueno, hay que pararlo. No porque sean periodistas, sino porque están ejerciendo su tarea: investigando y preguntando. Eso es lo que no puede pasar.

Tenemos que estar atentos a lo que ocurre en algunos países de la región, como Argentina, para frenar esos procesos a tiempo. También el sistema político tiene que decir: “Esto no va más”. Porque muchas veces los propios políticos no entienden que tienen que rendir cuentas a la sociedad. Eligieron voluntariamente desempeñar la función y, en ese sentido, tienen que responder preguntas, explicar adónde van, cuáles son sus políticas, qué impacto tienen y cuánto se gasta. Esa información no es privada ni secreta, tiene que ser pública.. 

De hecho, también relevamos desde Cainfo el grado de cumplimiento que establece la  ley Derecho de acceso a la información pública que obliga a los organismos públicos, las intendencias y los municipios a publicar información en sus sitios web. Y los niveles de cumplimiento son muy bajos. Empecemos por no mirar al vecino y mirar lo que hacemos nosotros mismos. Hagamos de nuestras propias prácticas, el mejor ejemplo.

InfoCapital tiene tres mujeres en roles centrales y un varón. Los informativos de Canal 10, desde hace años, también son conducidos por mujeres. Y, en general, si miramos el resto de los informativos, encontramos una cierta paridad en la conducción. En este contexto, donde resurgen discursos de odio hacia las mujeres y otros sectores, y reaparecen discursos heteropatriarcales, ¿cómo valorás lo que está pasando en Uruguay, donde las mujeres han conquistado y mantienen espacios centrales en los medios de comunicación?

Creo que se ha avanzado mucho en ese sentido. Y no solo porque haya mujeres, sino porque hoy ocupan un rol central. Antes muchas veces eran figuras más decorativas. Ese cambio me parece una conquista.

Donde todavía falta avanzar es en los espacios de decisión. Quienes deciden qué noticias se publican y quiénes están detrás de ellas siguen siendo, en su mayoría, hombres, a pesar de que somos más las mujeres egresadas de la universidad y de que hay muchas trabajando en las redacciones.

Hemos ganado espacios, y eso está bien. Pero todavía falta incorporar una mirada más amplia, con perspectiva de género; otra forma de mirar y de contar las noticias.

¿Qué te entusiasma y qué te preocupa del Uruguay actual?

Me gusta que Uruguay siga siendo un país -relativamente- a escala humana. Que todavía se pueda caminar tranquilo y que exista esa posibilidad de que la gente estudie, vaya a la universidad, consiga trabajo y pueda mantener una expectativa de crecimiento. Después de haber estado en otros países muy poblados, que quizás tengan un mejor estándar de vida, esa cercanía que todavía tiene Uruguay me sigue gustando.

Lo que me preocupa, en términos generales, es hacia dónde vamos como sociedad. Me preocupa no perder derechos y que podamos seguir siendo un país adelantado en materia de legislación.

También me preocupa mucho, que pese a todos los avances de las últimas décadas, no hayamos podido resolver el problema de la pobreza y, especialmente, el de la pobreza infantil. Me parece inadmisible que haya niños pobres en un país tan pequeño como el nuestro.

Me preocupa que muchos no puedan terminar el liceo; que no existan las condiciones para que las madres puedan dejar a sus hijos durante una jornada completa en centros educativos; que no todos los niños tengan garantizada la alimentación. También me preocupa el futuro de las nuevas generaciones, de mis hijos, y el mundo con el que se van a encontrar. Aunque, claro, esa ya es una preocupación que va más allá de Uruguay.

Hablando de la pobreza infantil, el movimiento sindical, junto con técnicos de la UDELAR, elaboró una propuesta para crear una sobretasa del 1% a los sectores de mayores ingresos con el objetivo de contribuir a reducir esa pobreza. ¿Tenés una opinión formada sobre esa iniciativa?

Me parece una buena iniciativa pero creo que ahí son los poderes públicos y el sistema político los que tienen que dar señales. También existen otras otras políticas que podrían aplicarse para lograr el mismo objetivo.

Es una propuesta que suma, pero no creo que, por sí sola, resuelva el problema de la pobreza infantil. En cualquier caso, me parece una propuesta interesante.

Perfil

Pilar Teijeiro es periodista desde 1994 y Licenciada en Ciencias de la Comunicación (Udelar) de las primeras generaciones. 

Trabaja en TV Ciudad desde 1998 donde ingresó primero por casting y luego por concurso en 2001.

Fue moderadora de los dos primeros debates presidenciales obligatorios por ley (2019 y 2024). 

Cursó la Diplomatura en Derecho a la Libertad de Expresión de Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos (UBA).

Integra el consejo directivo del Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (CAinfo), una organización  de la sociedad civil que se dedica a la promoción y defensa del derecho a la información, la libertad de expresión y la participación ciudadana.

Además, es docente de TV en la escuela de comunicación social de UTU desde 2025.