Suicidio y sindicatos: Hablemos aunque duela

Lunes, 26 Septiembre 2022 19:08
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Días pasados, las autoridades de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) y del Ministerio de Salud Pública (MSP) dieron a conocer las cifras de suicidios en los primeros cincos meses del año. Según lo informado, los suicidios en Uruguay aumentaron 25% en los primeros cinco meses del año. De acuerdo a cifras proporcionadas por ASSE y el MSP, entre enero y mayo de 2022, se registraron 349 suicidios.

Más allá de ser un tema tabú, la salud mental es un asunto pendiente y de difícil abordaje para el movimiento sindical. ¿Qué pasa cuando se suicida un compañero o compañera de trabajo? ¿Cómo impacta la noticia en el entorno más cercano? ¿Hubo señales que no vimos? ¿Pidió ayuda? ¿Pudimos ayudar y no supimos cómo? ¿Y ahora cómo seguimos? ¿Qué sucede cuando la persona se quita la vida en el lugar de trabajo? ¿Qué hacer cuando alguien nos dice que no puede más?

Walter Migliónico, referente del Departamento de Salud Laboral del PIT-CNT, consultado por el Portal sindical, explicó que hasta ahora no se cuenta con un protocolo de actuación frente a casos de suicidio que impliquen a trabajadoras y trabajadores, ni siquiera en los casos que la decisión extrema haya sido ejecutada en el propio lugar de trabajo. “No hemos trabajado orgánicamente el tema del suicidio, pero sí hemos abordado algunas de las posibles causas como para ir construyendo un camino de trabajo de prevención”, agregó. De todos modos, Migliónico aclaró que “hay muchísimas causas que pueden detonar un suicidio y una de las posibles causas es el acoso en el trabajo” y las distintas expresiones de violencia. Al respecto, señaló que en esa dirección “sí se está trabajando con la intervención de un equipo”.

Migliónico recordó que cuando Uruguay vivió la crisis del año 2002, particularmente en el sector bancario hubo un proceso de gran incertidumbre sobre cuál sería el futuro de los puestos laborales. “Yo trabajaba en el Banco de Seguros en esa época. Y un compañero nuestro mandó un correo electrónico diciendo que se sentía muy mal y que lo perdonáramos. Y se tiró de una ventana y se mató. Pero no fue el único. Hubo 7 u 8 casos de compañeras y compañeros bancarios que decidieron terminar su vida en aquella crisis”.  Sin embargo, AEBU nunca llegó a concretar un protocolo de prevención de suicidios, aunque el tema tuvo distintos abordajes más o menos colectivos, incluso con “algún impulso individual muy potente”.

Migliónico subrayó que desde su punto de vista, la forma en la que trabajamos bajo presión condiciona a las personas a sentirse mal o angustiada. “Cuando trabajás en algo que no te gusta, o fuera del lugar que te corresponde, con un salario magro o con incertidumbre sobre tu futuro, lógicamente esas cosas de alguna u otra forma te van a incidir. Ni te digo si te presionan o te acosan para que llegues a determinados objetivos. En esos casos, cuando salís a la calle o llegás a tu casa, estás en situación más vulnerable. Pero lo que tiene que quedar claro es que el movimiento sindical de ninguna manera puede estar exento de discutir y trabajar en materia de prevención de un tema tan importante”, enfatizó.

Ligia González, responsable de la Comisión de Salud Laboral de la Asociación de Obreros y Empleados de Conaprole (AOEC), informó al Portal del PIT-CNT que en la industria láctea han tenido casos de suicidios y particularmente el último fue dentro de una de las plantas y en horario laboral. El trabajador se ahorcó dentro de una planta y fue encontrado por sus compañeros. Según contó González, la AOEC hasta el momento no cuenta con un protocolo de actuación, respuesta o  prevención. “Tenemos una doctora en Medicina que trabaja con la Comisión de Salud Laboral de la AOEC y a dos psicólogas. Lo que creemos es que más allá de cada episodio particular, que es terrible, único, cada vida es una pérdida muy dolorosa para todos nosotros, habría que ver el fenómeno en términos más generales, analizar en qué condiciones estamos trabajando para tratar de entender mejor qué nos pasa y por qué algunos compañeros o compañeras llegan a esa decisión tan extrema”. Según González, hay mucha gente certificada por razones de salud mental y los casos de depresión se han incrementado en el sector.

Así las cosas, la AOEC ha iniciado contactos con la Facultad de Psicología y con el Sindicato de Psicólogas y Psicólogos del Uruguay para intentar lograr convenios de atención para las y los afiliados a la AOEC. La referente del Departamento de Salud Laboral dijo que hay muchos afiliados que tienen severos problemas económicos y que esas situaciones se “arrastran” desde tiempo atrás, “contaminan” a la familia y pueden terminar desencadenando problemas mayores, como consecuencia de “sentirse acorralados” por las deudas. “El factor económico es uno de los que incide, también hay casos en los que las adicciones juegan un papel importante, y por ello esto debe ser estudiado y analizado de manera más profunda. Y por supuesto, nos parece que las empresas deberían tener que ser parte de estos temas porque las condiciones de trabajo muchas veces pueden incidir en las problemáticas. El hecho que el último compañero se haya suicidado en el trabajo no es una casualidad”, reflexionó.

No más

Eduardo Camargo, secretario de Salud Laboral de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (FUECYS) señaló al Portal sindical que la salud mental y particularmente la prevención de los suicidios son algunos de los aspectos centrales que se propusieron trabajar y romper “el tabú” existente a nivel de la sociedad. En este sentido, recordó la experiencia adquirida mediante charlas y encuentros con la ONG Último Recurso y con la Facultad de Psicología del Uruguay.

Camargo dijo que se ha procurado trabajar en relación a las “señales”, en el entendido que suelen haber distintas manifestaciones previas que eventualmente pueden llegar a anticipar una decisión trágica, aunque también se corre el riesgo de los cuestionamientos, las culpas y los reclamos del estilo: ‘¿cómo no me di cuenta?’. Por otra parte, sostuvo que cuando el suicidio se concreta en un centro de trabajo, deja secuelas intensas y eso a veces puede llevar a que se intente “silenciar” el caso. “Es típico eso de ver el suicidio como un tabú y creo que eso deberíamos desterrarlo”.    

Camargo informó que FUECYS –al igual que otros sindicatos- tampoco tiene protocolos de actuación y prevención del suicidio pero se está trabajando con los profesionales para llenar distintos vacíos.

El Portal del PIT-CNT también contactó a Gabriela Martinato, referente de la Secretaría de Género de la Federación de Funcionarios de OSE (FFOSE), como consecuencia de dos episodios muy recientes que se produjeron en ese ámbito del Estado. En este caso, se trató del suicidio de un hombre y una mujer, trabajadores de OSE que decidieron poner punto final a sus vidas. En ambos casos, la decisión final la llevaron adelante en sus casas y no en el ámbito laboral.  Ambos estaban de licencia psiquiátrica, pero Martinato explicó que no estaban al tanto de la gravedad de la depresión como para que se encendieran señales de alerta. “Algunas cosas que sucedieron dentro de OSE seguro repercutieron en sus estados de ánimo aunque por supuesto, no podemos decir que fue la causa o desencadenante, pero sí que incidieron”. Al respecto, la directiva de FFOSE mencionó al Portal algunos episodios internos que involucran aspectos administrativos con el trabajador, que podrían haber generado ciertas consecuencias que serán analizadas y estudiadas con detenimiento.

“Una noticia así, que te llamen a decirte que una compañera tuya se quitó la vida te remueve todo. Es crudo. A  veces el duelo se confunde con la culpa. Y de inmediato surgen las preguntas, qué pudimos haber hecho para ayudar, para prevenir y no nos dimos cuenta, y surgen un montón de cosas espontáneas que te interpelan. En OSE no hay mecanismos formales para prevenir, en el caso que haya una señal de alerta previa. Y como sindicato creemos que es hora de ponerle cabeza para que la OSE tome el tema de la salud mental con la importancia que se merece, porque lo físico suele ser visibilizado pero la salud mental es un debe no solamente en la OSE sino como sociedad. Está claro que como sindicato lo queremos abordar sin eludir la temática pero creemos que es un asunto de toda la sociedad”.

En otro plano, Martinato dijo que el sindicato ha debatido distintos aspectos que preocupan a trabajadoras y trabajadores relacionados a la falta de perspectiva de una carrera administrativa “que entusiasma poco y nada” y no ofrece grandes perspectivas de futuro a quienes trabajan allí.  “No hay incentivos, no hay perspectivas, pero sí hay violencia, acomodos, y un montón de cosas que padecemos y que inciden en nuestra salud mental”.

Vulnerables

Según el presidente de la Federación de Funcionarios de la Salud Pública (FFSP), Martín Pereira, la situación de los suicidios y la salud mental en general en el ámbito de las y los trabajadores de la Salud Pública, es “compleja, tal como sucede en toda la sociedad”.

Explicó para este informe que si bien como trabajadores de la salud “podemos tener una atención más rápida”, la situación general del país “hay un notorio atraso y lentitud para poder acceder a una consulta rápida con un psicólogo o psiquiatra” y en ocasiones, “el compañero o compañera termina concretando un desenlace fatal, como lo es el suicidio”. Pereira aseguró que en ocasiones, el tiempo de espera para ser atendidos puede llegar a promediar los seis meses “y claramente, en estos casos de depresión o problemáticas severas, la atención rápida es fundamental”, porque de ello, “puede depender la vida de muchas personas”.

Según opinó el presidente de la FFSP, la pandemia afectó de manera directa a mucha gente joven y a adultos mayores que se encontraban en soledad”.  

La federación cuenta con un equipo de Salud Laboral y trabaja de manera fluida con los distintos actores de los de las comisiones de Seguridad Laboral de los hospitales.

Pereira reveló que la muerte de 29 trabajadoras y trabajadores de la salud como consecuencia del COVID impactó de lleno en los equipos de trabajo, “que muchas veces tenían que atender a sus propios compañeros en un CTI”. A raíz de ello, se procuró fortalecer los lazos de diálogo con los responsables del área psicológica de ASSE. “Mientras el país se paralizó por la pandemia, las y los trabajadores de la salud debían seguir trabajando todos los días y con el temor de no saber si estaban llevando el virus a sus casas y contagiando a sus familias. Fueron días de mucha angustia para quienes tuvieron la responsabilidad de trabajar allí, en la primera línea, muy desgastantes, muy estresantes y por momentos de sentir que se llegaba al límite”, aseguró.

COFE tiene una Comisión de Salud que promueve que cada organización y sindicato tenga funcionando su propia comisión para facilitar el abordaje a la salud mental en todos los casos que sea requerido. “Este tema se trata de muchas manera, y creo que la primera es hablando, despejando dudas, aconsejando la atención profesional. Si bien cuesta pedir ayuda, creo que ya no es un tema tan cerrado y notoriamente tabú como lo era unos años atrás. De a poco vamos comprendiendo la necesidad de hablar de esto aunque nos duela, y hacerlo de forma inmediata”.

La Policía y vivir al límite

Flavio Cuña es ex Comisario de la Policía de Uruguay, licenciado en Seguridad Pública, magíster en Planificación Estratégica y actualmente está cursando el doctorado en Ciencias Políticas. El tema de los suicidios y la salud mental le ha preocupado desde siempre, especialmente desde que se ha confirmado que Uruguay tiene el doble de suicidios de la media mundial, “a nivel continental, nuestro país encabeza el triste ranking y a nivel de la región, somos el único país que no cuenta con una ley integral de prevención del suicidio: la tienen Argentina, Paraguay y Brasil pero nosotros no. Y cabe mencionar que es la principal causa de muerte entre los efectivos policiales en actividad”.

Cuña pasó a retiro voluntario con el grado de Comisario e inmediatamente se inscribió en la Facultad de Ciencias Políticas, en busca de estudio y mayor conocimiento. “Todo surgió a partir del incomprensible suicidio de un colega amigo. Yo era el jefe de una unidad y él de otra. Una madrugada, estando yo en la Comisaría nos esteramos que había desaparecido. Tal vez como producto de una visión cultural machista, lo tranquilicé diciendo que seguramente estaba dormido en alguna casa conocida o algo similar. No se me cruzaba la idea de un suicidio. Pero él se había quitado la vida. Y a partir de eso, comenzó todo un proceso muy impactante con órdenes superiores del Instituto Policial que nos decía que no ‘apropiado’ que los policías concurrieran al sepelio. Eso me impactó terriblemente, no lo pude comprender y no lo pude aceptar. Por eso de todos modos me hice presente para despedir a mi colega y amigo y a raíz de eso, traté de comprender, traté de entender. Después, en el proceso de la maestría, uno de los primeros trabajos que hice fue precisamente sobre la incidencia de los suicidios en la Policía. Como comisario, ya sabía que los casos de suicidio de policías eran muchos e incluso tuve que concurrir operativamente a muchos. Pero desde la formalidad, se tomaban como un procedimiento más. Cuando comienzo a investigar, me encuentro con que una de las crónicas sobre la temática era de quien en ese momento ocupaba el cargo de Director Nacional de Policía, Julio Guarteche, para mí, una inminencia profesional y como persona. En ese artículo, decía que por cada policía que muere en acto directo de servicio, otros cuatro se suicidan. Algo absolutamente impactante. Se da por sentado que el policía muere enfrentando a la delincuencia y no es así, en realidad son cuatro veces más los que se suicidan”, reveló.

Así fue que Cuña comprendió que la profesión que presenta el índica más alto de suicidios es la Policía y “en cierta medida, también entendí que nos hubieran dicho que  no debíamos concurrir al suicidio de un compañero. Algo directamente asociado al mito de que si uno se suicida, y eso se difunde, luego se forma una ola de suicidios”.

El ex Comisario formó parte de la Comisión Honoraria de Prevención del Suicidio en Canelones, desde su creación hasta el año 2021 que según su definición, “la desintegraron”. En una de las actividades en las que participaron  autoridades de la institución, Cuña realizó una fuerte intervención, “bastante crítica”, con argumentos empíricos y demostrados con estadísticas, “donde expliqué que la política pública de prevención de suicidios había fracasado de forma rotunda. Desde el regreso de la democracia a la fecha, existe un incremento de suicidios del 250%. Japón, que tiene una cultura suicida con los kamikazes y tiene el mayor porcentaje a nivel mundial, hoy tiene una tasa menor a Uruguay. Eso sucede porque aplicó una política pública muy contundente de prevención del suicidio. Mientras nosotros aumentamos un 250%, Japón disminuyó un 40%. Es como que de los 758 suicidios que tuvimos en 2021 bajáramos a 400”, ejemplificó.

Según el experto, para enfrentar estas muertes violentas e imprevistas, se deben elaborar “políticas públicas eficientes a través de leyes”, pero además “se necesitan insumos y recursos”.

Al respecto, ejemplificó que “años atrás, cuando un hombre golpeaba a la mujer se decía que era un problema de ‘puertas para adentro’ y se llegaba a decir que ‘si le pegó por algo será’. Eso cambió de manera radical y en buena medida fue a partir de cambios culturales promovidos por las políticas públicas y el enfoque del Estado. Años atrás, no había Comisaría de la Mujer, no habían leyes de prevención y ni que hablar, las tobilleras.

Respuestas

Cuña recordó que si un policía se encuentra en problemas y está al borde del suicidio, debe pedir ayuda. Y debe contar con atención profesional. “Los problemas básicos de los policías son económicos y familiares. Y hay que cambiar la forma de encararlos. No puede ser que el policía que saca un pase de atención psiquiátrica quede estigmatizado.

Salud mental: Privilegio de clases

Carolina Álvarez, es psicóloga y trabaja en una Casa de Medio Camino con usuarios del Hospital Vilardebó. Sus pacientes mayoritariamente sufren de esquizofrenia y en general la enfermedad se les manifestó cuando cometieron algún delito, como por ejemplo, un homicidio. Todos fueron declarados inimputables y cumplen la pena en el hospital y no en una cárcel. Por lo general son hombres adultos jóvenes, que tienen problemas de consumo.

"Cuesta un montón hablar de la salud mental ya que es un tema muy complejo. Personalmente, considero que la salud mental es un privilegio de clases al que no todo el mundo accede y este ya es un primer problema. En este marco, el suicidio sigue siendo tabú, la muerte sigue siendo tabú y eso genera complejidades porque cuesta que la comunidad aborde este tema. No debería ser un tema exclusivo para la psicología o la psiquiatría, tiene que ser un abordaje que involucre a la comunidad y a todos los sectores. Pienso que sería importante que sobre el tema se hable en el trabajo, en los liceos, en las escuelas y que sea un tema de agenda. Y claramente el abordaje tiene que ser múltiple".

Según explicó Álvarez al Portal sindical, este tema además tiene que ver con la situación económica del país, con cuestiones más puntuales y circunstanciales, con factores familiares, con algo puntual que esté pasando, con el género. Las estadísticas muestran que se matan más los hombres que las mujeres, de hecho lo hacen de forma más violenta y por eso el abordaje es más complejo. Hoy en día la situación económica influye mucho y cuando se están atravesando problemas económicos ahí tenemos uno de los factores y hay que estar muy atentos. El problema principal es que el tema del suicidio no se aborda y la gente necesita hablar del tema, hay que derribar el mito de que no se debe hablar del tema por miedo. Hace mucho tiempo que caducó lo de hablar del suicidio lo fomenta. De hecho la gente necesita hablar", insistió.

Álvarez  contó que este año vio en el Teatro Solís una obra que aborda la temática del suicidio y que al término de la función se realizó un ida y vuelta con el público. "Hace poco vi a la Comedia Nacional con Trágica agonía de un pájaro azul (de la chilena Carla Zúñiga, dirigida por Domingo Milesi) que es una de las pocas que aborda la temática del suicidio. Cuando culmina la obra se realiza una charla en la que participan una psicóloga y un psicólogo y fue increíble la participación de la gente, demostrando la gran necesidad que existe de hablar sobre del suicidio. Los testimonios de que una vecina, a un hijo, un amigo o un familiar tiene problemas y que se puede hacer o a dónde recurrir fue la principal consulta".

Carolina informó que "otro de los mitos que existen es que quien abusa, es porque fue abusado. Y si eso fuera así, serían las mujeres las que andarían por la vida abusando y violentando al resto. Cuando se sabe estadísticamente que ello no es así. Con el suicidio pasa un poco esto, que es el manejo de lo que son las emociones o la capacidad de poner en palabras lo que está pasando. No se da de la misma forma en un hombre o una mujer. El manejo de las emociones en el caso del hombres es muy precario, desde que es chiquito. Y es algo que lamentablemente, se sigue reproduciendo. No puede llorar, no se puede mostrar frágil y vulnerable. Ni que hablar con los juegos. A un niño se lo incentiva desde chiquito a jugar con armas o juegos más violentos. Mientas que a las niñas, de chicas, se les dice que 'deben ser buenas mamás'. Todo esto influye. No en vano el hombre cuando se mata elige hacerlo de una forma más violenta que la mujer", reflexionó.

Para la licenciada en Psicología, el suicidio no es una problemática que haya que abordar cuando el tema ya está manifestado sino que hay que abordarlo "desde las bases, desde la crianza de los hijos, desde mucho antes que aparezca". Por eso la importancia de la prevención y la promoción de salud. "Es fundamental contar con otros espacios y otras redes, es necesario que se converse en los trabajos, que se aborde y es sumamente importante que haya un protocolo. No se puede mirar para el costado y es toda la comunidad la que se debe involucrar. Es fundamental que el Estado esté presente, ASSE si por supuesto, pero el resto de los organismos también deben estar presentes, eso es fundamental. No solo debe ser un problema de la familia, debemos entender que ese problema es nuestro problema".

Datos: En 2021, se registraron 758 suicidios en Uruguay.

Número de prevención del suicidio: 0800 0767.

 

Material de apoyo

  1. ¿Cómo es recomendable tratar a una persona que está pensando en suicidarse?

Atender cualquier comentario que la persona haga al respecto. Lejos de lo que se piensa comúnmente, de que la persona que se suicida "no lo dice”, cerca del 80% de personas que se suicidaron habían comentado su intención antes o habían dado muestras de ello.

La idea de “el que quiere suicidarse no lo dice” es uno de los mitos más arraigados y que más interfieren en su prevención. El 60% de las personas que se suicidaron habían buscado ayuda la semana antes e incluso un 18% acudió al médico el mismo día que se suicidó en nuestro país (España).

- Escuchar, que significa ante todo, reprimir el impulso de quitar las ideas suicidas y no comenzar con frases huecas, ni comentarios educativos o moralizantes como: “si tienes toda la vida por delante”, “con lo bonita que es la vida”, “si lo tienes todo…”, “hay más peces en el mar, etc.”.

- Ser cálido y empático: “me gustaría saber cómo ayudarte”, “¿te serviría hablarme de cómo te sientes?”, “entonces, ahora mismo te viene a la cabeza la idea de morir y eso te agobia”.

- Ser honesto: “No puedo imaginarme cómo es sentirse como ahora te sientes tú, pero si me ayudas quizá pueda entenderte mejor”, “Me siento impotente por no saber qué hacer ahora”.

- Tomarse en serio cualquier manifestación, amenaza o sospecha de suicidio.

- Valorar el riesgo, en base a: los factores de riesgo, precipitantes, comportamientos no habituales, y el análisis de la situación.

- Hablar directa y claramente con la persona en riesgo y valorar: cómo se siente, qué ideas suicidas tiene, si ha hecho algún plan y para cuándo, qué método ha pensado, si ha realizado algún gesto o intento suicida ya o no, qué se lo impide o se lo impediría, si ha redactado o no alguna nota de despedida, si ha tomado alguna precaución para evitar ser encontrado. (Cuantas más respuestas tenga sobre: Dónde hacerlo, cómo y cuándo, y más letales sean las condiciones del plan, MAYOR RIESGO SUICIDA sobre todo si existen antecedentes previos).

- Conservar la calma, transmitir tranquilidad, empatía, preocupación, y comprensión por su situación.

- Mostrar esperanza y posibilidades de superación de la situación, con la ayuda oportuna.

- Intentar encontrar soluciones prácticas, aunque sean temporales. (Dormir esa noche en su casa para supervisar, y acompañarle en todo momento por ejemplo).

- Ganar todo el tiempo posible. Proponer aplazarlo para otro momento (“vuelve a pensarlo mañana”), evidenciando lo definitivo y dramático de la solución, y el estado provisional actual. (El suicidio puede ser una solución definitiva, a un problema sólo temporal).

- Dejar hablar y desahogarse. Es mucho más eficaz que empezar confrontándole su decisión.

- Retirar todo lo que pueda servir para autolesionarse.

- Controlar el acceso a la medicación, así como el consumo (por exceso o defecto) de la pautada.

- Buscar ayuda profesional: servicios de emergencias, hospital, Centro de Atención Primaria o Salud Mental. Tener a mano siempre los medios de contacto con todos ellos.

  1. ¿Es preferible preguntarle al respecto?

Siempre. Hablar sobre suicidio, no induce al suicidio, al contrario, puede ser la única, y también la última ocasión de esa persona de retractarse y analizar su intención suicida. Hay que preguntarle directamente: ¿Qué quieres decir con eso de que no puedes más? ¿Qué quieres decir con eso de que estarán mejor sin ti? o ¿Has pensado alguna vez en el suicidio?

  1. ¿Hablar sobre sus preocupaciones?

¡Por supuesto! Preguntarle qué le ha puesto en una situación tan difícil, cuál ha sido la gota que ha colmado el vaso…, etc.

Preguntarle abiertamente si respecto al suicidio ha pensado: ¿Cuándo lo haría? ¿Con qué método? ¿Dónde lo haría? ¿Se ha despedido de alguien? ¿Tomaría alguna precaución para evitar ser encontrado? A esto nos referimos cuando hablamos de un “plan”, pero preguntarle a una persona directamente si “tiene un plan”, no es útil ni significa nada, hay que preguntar cuándo, dónde, cómo, etc.).

       4. ¿Incitarle a que pida ayuda?

Siempre. Pero no de manera prematura antes de permitirle desahogarse. Las personas en riesgo pueden ser reticentes por temor a ser considerados “unos locos”, o por experiencias previas adversas en el hospital…, etc. ¿Cómo les “convencemos” para que reciban atención de un especialista, qué les decimos? Podemos decirle algo así: “pensar en el suicidio no te convierte en un loco, un débil, o un cobarde, muchas personas tienen este tipo de ideas a diario, y han encontrado otras alternativas. Probablemente atravieses una situación tan difícil, que te cueste ver otra solución. El 50% de la población general (no clínica), experimentará tendencias suicidas moderadas-severas.

Si es escéptico o reticente en cuanto a acudir al hospital, podríamos decirle: “Estoy seguro que no vas a permanecer en el hospital más que lo rigurosamente necesario, y si es posible, se llevará a cabo un tratamiento ambulatorio”. “Estoy seguro que en el hospital pueden prestarte la ayuda que necesitas, y la atención que te mereces”.

No es suficiente con recomendarle acudir a pedir ayuda, debemos comprometernos nosotros a acompañarle al hospital, al centro de salud mental…etc., o contar con un tercero que pueda acompañar a la persona en su solicitud de ayuda.

  1. ¿Hacerle ver que esos sentimientos serán temporales?

Efectivamente, el suicidio es una solución eterna, a lo que en ocasiones, es solo un problema temporal. Pero la persona puede tener motivos muy legítimos para querer quitarse la vida, razones de verdadero peso, problemas crónicos que no responden a una decisión impulsiva…, etc.

Como allegados, familiares…, etc., no podemos pretender quitarle las ideas suicidas, quizá ni el mejor psicólogo, ni el mejor psiquiatra tampoco, puedan quitarle esas ideas en un momento de alto riesgo en una intervención breve.

Deberíamos ser más humildes, y perseguir un objetivo más realista y menos ambicioso: “simplemente” aplazar la decisión: “Oye, siempre puedes suicidarte más adelante, tienes toda la vida para hacerlo, yo no puedo impedírtelo, pero permíteme que hablemos antes de la situación por la que atraviesas…”.

  1. ¿Animarle a hacer planes que le obliguen a desconectar de esos sentimientos?

Más que distraerse con alguna “conducta incompatible” con esos sentimientos, animarle a estar entretenido, salir más…, etc., hay que prestarle a la persona en riesgo toda la atención posible, probablemente cuanto más haya luchado por quitarse esos pensamientos de la cabeza, probablemente más frecuentemente los tenga.

Es peligroso invitar a la distracción según el riesgo real que presente la persona, y mucho más si la persona que está prestando ayuda no es un profesional.

Si intentamos la distracción, quizá la persona en riesgo puede sentir que no nos hacemos cargo del alcance real de su sufrimiento, o que lo frivolizamos, y sentirse más sólo e incomprendido aún.

Es mucho más importante no dejar sola a la persona en ningún momento, y tratar de acompañarla a un servicio de salud mental, el hospital…, o llamar al 112.

  1. ¿Qué no se debe hacer nunca?

En ningún caso, debe minimizarse el riesgo, restarle importancia, frivolizar ,o tratar el tema como una “llamada de atención”, cuando alguien habla de suicidarse, no está llamando la atención, está pidiendo ayuda, para una situación que no sabe cómo gestionar.

Quizá existan casos donde estas peticiones de ayuda sean demasiado frecuentes, desproporcionadas al estímulo o situación desencadenante, o intuyamos cierta intención manipuladora o instrumental. Sea como sea, tenemos que prestarle atención.

Puede darse el caso de que la persona que verbalice su intención, incluso se haya provocado alguna autolesión previamente, y esto aumente nuestra inquietud, o por el contrario pensemos que si quisiera hacerlo, se habría autolesionado de una manera más contundente o letal.

Cabe explicar algo al respecto: las autolesiones no siempre son la “antesala del suicidio”, pero la práctica repetida puede suponer un aumento del umbral de tolerancia al dolor físico, y que la persona, sin pretenderlo (como ha sucedido muchas veces), termine finalmente con su vida por un “error de cálculo”, “un resbalón” en una azotea, o que se le “haya ido la mano” sin querer terminar realmente con su vida.

La autolesión no es la antesala del suicidio en todas las ocasiones, pero puede suponer una escalada en la letalidad del método, si este tipo de peticiones de ayuda, se contempla como una llamada de atención (insisto NUNCA debe tratarse como una llamada de atención), y no se le presta la atención y cuidados necesarios.

Lo que no hay que hacer nunca:

  • Ignorar las señales: “Siempre está con lo mismo y nunca hace nada”, “hace esto por llamar la atención”, “esto es ahora, en un rato se le pasa”, “lo que le gusta el drama…”.
  • Reprender o reprochar: “cómo puedes pensar así”, “a mí no se me ocurriría hacer lo que estás haciendo”, “hay que estar loco para querer matarse”, “el suicidio es de cobardes”, “Hay que ser muy valiente para suicidarse…”.
  • Retar, Cuestionar, desafiar, provocar: “Si quisieras matarte de verdad ya lo habrías hecho”, “hazlo si quieres valiente…”.
  1. ¿Hay alguna forma de percatarse que alguien está pensando en suicidarse?

Conocer los factores de riesgo en general, y los factores precipitantes por grupos de edad concretos puede resultar muy útil. Pero lo que es fundamental y la principal señal a la que debemos prestar todo nuestro interés, es que la persona verbalice sus ideas suicidas.

El principal factor de riesgo a tener en cuenta es que la persona ya lo haya intentado antes, sin ninguna duda. (Un profesional experto además evaluará el número de veces, el tiempo transcurrido desde el último intento, si fue encontrado, o por el contrario se arrepintió, la rescatabilidad, etc.).

Otros factores de riesgo importantes que debemos tener en cuenta son:

  • Trastorno mental: depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia…
  • Ser varón
  • Desesperanza. (Presente en la depresión y también en enfermedades “físicas” (fibromialgia, diagnóstico de cáncer, VIH, Covid, etc.). La persona atraviesa unas circunstancias vitales o un sufrimiento físico o emocional, que considera interminable, inescapable, e insoportable, y es incapaz de imaginar un futuro mejor.
  • Ausencia de apoyo social. (Soledad, aislamiento)
  • Presencia de ideación suicida. (Aunque el valor predictivo de la ideación es muy bajo, muchas personas lo piensan a diario, pero no llegan a suicidarse).
  • Enfermedad física, cronicidad, dolor o discapacidad.
  • Historia familiar de suicidio. (Epidemias suicidas en familias donde un familiar falleció por suicidio, y otros miembros fallecen por esa misma causa, empleando mismo método)
  • Encarcelamiento o institucionalización. (En las primeras horas, días…, y también durante los permisos).
  • Fácil acceso a medios (armas, medicación, cuerdas, pesticidas, tóxicos…etc.)
  • Condición sexual. Colectivo LGTBIQ+ presenta mayores tasas de suicidio consumado
  • Presencia eventos vitales estresante (viudedad/despido).
  • Factores sociales y ambientales (situación laboral, ERTES, problemas familiares…etc.).
  • Antecedentes de suicidio en el entorno.
  1. ¿Existen signos directos o indirectos, verbales o no verbales, que advierten del riesgo suicida?

Sí que existen, directos e indirectos, pero la mayoría de la población los desconoce. Los más llamativos y fáciles de detectar son los comentarios, y después los cambios bruscos de humor, y las “conductas de cierre”.

Posibles comentarios de una persona en riesgo suicida:

“No puedo más…”, “Voy a tirar la toalla…”, “Para lo que me queda…”, “Pronto dejaré de molestaros…”, “La vida no vale la pena…”, “Cuánto me vais a echar de menos el día que os falte…”, “Nada me interesa…”, ”Estaría mejor muerto…”, “Qué ganas tengo de dormirme y no despertarme más…”, “Nunca podré salir de esto…”, “Ya no quiero ser una carga para nadie…”, “No valgo para nada…”, ”Estarían mejor sin mí…”,“Si me suicidio, se acabaron los problemas…”, “No os molestaré por mucho tiempo”, “Esto no se va a solucionar nunca”, “Soy un estorbo”, “No le importo a nadie”, “Todo me sale mal…, soy un inútil”, “Ya no me retiene nada aquí…”, “Mi vida es un fracaso”, “Nadie me entiende…”

Todos los comentarios anteriores no significan que la persona que los emita vaya a suicidarse, pero sí deberíamos tenerlos en cuenta y sondear el alcance de la intencionalidad real.

Cambios bruscos de humor:

En muchas ocasiones los familiares, lo interpretan como una mejoría respecto a su estado habitual (“si estaba en el mejor momento de su vida”, “llevaba un tiempo muchísimo mejor”, “incluso parecía tener mejor ánimo…”, etc.).

Una vez que la persona encuentra una salida a su sufrimiento (el suicidio), puede experimentar cierta “calma”, esto no significa que esté mejor, significa que “ya lo ha decidido”, y eso le proporciona cierto alivio. O por el contrario aparece cierta irascibilidad y comportamiento desafiante, temerario o agresivo. O de alegría repentina e injustificada. Actitud de calma y tranquilidad inusuales. Puede interpretarse como una mejoría en depresión, manía o irritabilidad anteriores.

 Las Conductas de Cierre:

Son cosas que la persona hace antes de suicidarse para despedirse, cerrar sus asuntos o “hacer las paces” con los demás, por ejemplo:

- Regalo de pertenencias, objetos apreciados o valiosos.

- Cesión de mascotas.

- Visitas inesperadas a familiares o personas cercanas, que hacía mucho tiempo que no se visitaban.

- Despedidas muy cariñosas o efusivas cuando no se comportaba así habitualmente.

- Redacción testamento/notas de despedida.

- Arreglar cuestiones del seguro.

- Puesta en orden de gestiones.

- Eliminar perfiles de RR.SS., salir de grupos whatsapp, algunos comentarios en determinadas redes sociales como TikTok: “comí pasta esta noche”, “mi madre hizo mi receta de pasta favorita…”, “Se me ha acabado el champú y el acondicionador al mismo tiempo…”.

Algunas señales menos evidentes son:

- Cambios horarios en sus hábitos y forma de vida. Pérdida/aumento de sueño.

- Despreocupación por la higiene o imagen personal.

- Aislamiento social y familiar. Anhedonia, desinterés generalizado aficiones, etc.

- Falta de concentración. Desinterés en estudios/trabajo.

- Consumo repentino de tóxicos/alcohol o aumento de la frecuencia o cantidad habitual.

- Acciones temerarias, riesgos innecesarios. Infracción leyes.

- Discusiones y peleas. Gasto de dinero injustificado o desproporcionado.

- Indiferencia a elogios y refuerzos. Falta de apetito sexual.

- Autocrítica, autohumillación. Agravamiento síntomas patología de base.

- Interés en temas relacionados con la muerte o películas relacionadas con el suicidio.

- Practicar diferentes tipos de nudos durante los días previos…

- Planes suicidas y Acumulación medios: fármacos/armas/cuerdas.

- Sospecha autolesiones leves (cortes).

  1. ¿Qué se puede hacer si se cree que alguien puede suicidarse?

Preguntarle directamente si ha pensado hacerlo, cuándo ha decidido hacerlo, cómo, dónde, si ha tomado alguna precaución para evitar ser encontrado, si ha hecho algo para despedirse, o ha hecho algo ya para conseguirlo p.ej.: acumular poco a poco pastillas, comprar una cuerda, o un arma, etc. Cuantas más respuestas positivas tengamos a estas preguntas, mayor es el riesgo.

  1. ¿Es preferible avisar a su entorno?

Si, aunque seamos sometidos a cierto chantaje emocional del tipo: “Confía en mí que no voy a hacerlo”, “no se lo digas a mis padres, no quiero preocuparles…, etc.”.

Recordad siempre la máxima: “Entre su confianza y su vida, nos quedamos con su vida”.

La confianza ya la recuperaremos, la vida no; y más vale prevenir, que llorar una muerte que podría haberse evitado, y arrastrar sentimientos de culpa para siempre, por no haber podido evitarlo.

     12. ¿Dónde llamar?

Prevención en Uruguay: 0800 0767

Fuente texto final de recomendaciones:

Pedro Martín | Barrajon Morán

Responsable Red Nacional de Psicólogos Expertos en Suicidio. Psicólogos Princesa 81.

SLP (Madrid). Máster y especialista universitario en conductas suicidas.

Modificado por última vez en Martes, 27 Septiembre 2022 12:13
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