Llenos de magia

Jueves, 08 Noviembre 2018 15:36
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Anaclara nunca imaginó que una torta de cumpleaños de su infancia, una foto, un recuerdo familiar, iban a generar tantas repercusiones en este tiempo presente donde el bombardeo informativo parece dominarlo todo. La vida ínfima, la belleza cargada de simbolismo en la vida de una familia. Anaclara es hija de una maestra y un actor de teatro. Su mamá Sylvia era maestra de la escuela No. 90, a la que asistía Anaclara y su papá Ricardo, es un reconocido actor del Teatro Circular que formó parte de la icónica obra “El Herrero y la Muerte” de Jorge Curi y Mercedes Rein, en plena dictadura.

“Obviamente en casa nunca sobró la plata”. Hoy Anaclara Couto está a punto de recibirse de socióloga y casi sin querer, con una foto familiar compartida en Twitter provocó una catarata de reflexiones y comentarios sobre la pobreza, la crisis del 2002, la sociedad del consumo actual y la forma de entender la felicidad por la vida.

Hace unos pocos días, cuando se acercaba su cumpleaños, recordó aquella foto suya frente a una improvisada torta de cumpleaños que en realidad era una simple banana. “Yo creía recordar que esa imagen era de un cumpleaños mío pero en realidad era del cumple de mi mamá”. En plena crisis del 2002, cuando la sociedad uruguaya verdaderamente la pasaba mal, la familia de Anaclara hacía malabares para que no faltara ninguna de las cuatro comidas del día. “Yo tenía algunas compañeras de clase en mi escuela que no cenaban, apenas tomaban una leche y a dormir, pero en casa mis padres se las arreglaban para que nosotros las tuviéramos” recuerda. “Una mandarina en casa se repartía entre cinco, mi mamá me enseñó que o comíamos todos o no comía nadie; nosotros nos reíamos pero no era un juego, de verdad había una sola”.

Sylvia nunca dejó que a sus hijos les faltara la torta el día del cumpleaños, pero como ella cumple unos pocos días después de Anaclara, en aquellos años de plena crisis hubo que apelar a la imaginación y un 12 de noviembre, cuando le tocó cumplir años le colocó una velita a una banana y jugó con sus hijos que esa era una torta especial para ella. Así con amor lo recuerda actualmente Anaclara. Sin dolor, ni parecido, con profunda ternura.

A puro orgullo, Sylvia Bosca, hoy ya jubilada como maestra, cuenta que en esa misma cocina que en la crisis del 2002 y durante un buen tiempo, una mandarina se repartía diariamente entre cinco personas, ahora acaban de terminar de colocar el porcelanato y la cocina está totalmente revestida y “como nueva”.

Mucho ha cambiado el Uruguay. “Mi papá se pudo jubilar de actor porque en los últimos años hubo gobiernos que impulsaron leyes que permitieron eso, que pueda hacer valer sus derechos y se haya jubilado como actor por sus años de trabajo” sostiene. “Yo no niego que ahora haya gente que está pasando hambre y veo mucha más gente en la calle que cinco años atrás, pero cuando veo la forma en la que muchos dicen que ahora estamos como en el 2002 me genera rechazo ver qué tan alto tenemos el nivel de exigencia hoy” reflexionó en diálogo con el Portal. O como escribió en su cuenta de Twitter, qué tan críticos somos de lo mal que la pasamos al tiempo que repetimos que estamos peor que en el 2002, mientras navegamos en nuestros teléfonos inteligentes y tomamos un trago en algún boliche boutique. Anaclara sostiene que “es una falta de respeto decir que esto es como el 2002 mientras suben fotitos tomando cerveza artesanal a Instagram”. Y lo dice sin enojarse, pero con claridad y voz firme, sin perder la ternura jamás.

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Modificado por última vez en Jueves, 08 Noviembre 2018 17:05
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