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Aporte de la Comisión de Fundadores y Militantes de la CNT al XII Congreso del PIT-CNT

Fundadores y Militantes de la CNT 

 

Somos un colectivo de militantes sindicales que participamos en la creación de la Central única de los sindicatos uruguayos. Estamos participando en el marco del PIT-CNT con la consideración de los compañeros de la Mesa Representativa y su Secretariado Ejecutivo.
Nuestro principal objetivo es mantener vivo el principio de unidad en la diversidad, que nos ha permitido ser activos protagonistas del acontecer nacional y convertir al PIT-CNT en un ejemplo para el mundo. A ello agregamos el traslado de los valores de unidad, solidaridad y lucha a las generaciones que se incorporan al trabajo y la militancia sindical.

La unidad en la diversidad nos ha distinguido en el plano internacional. Ella implica que nadie pretenda imponer sus ideas a los demás. Por el contrario, se trata de buscar salidas sin hacer de cada asunto, un caso definitivo. Ello se aplica también en la necesidad de alianzas amplias en defensa del programa, de las empresas públicas, de la soberanía nacional y exigiendo el reconocimiento y el respeto de los Derechos Humanos.

Un símbolo de lo antedicho es la figura de Pepe D’Elía. En su persona sintetizamos el aporte que hemos realizado los trabajadores organizados a la formación y destaque de los valores más elevados de nuestra idiosincrasia nacional. Nos complacemos al ver el crecimiento de nuestra Central, tanto en número de afiliados, cuanto en el reconocimiento público. Sin los trabajadores organizados, luchando por sus reivindicaciones y con el mismo empeño, preocupados por el destino nacional, nadie podría explicarse el Uruguay de los últimos 150 años.

La unidad lograda a partir de 1964 con la CNT, se puso a prueba con la realización de la huelga general y las ocupaciones de los lugares de trabajo durante quince días, con la que, los trabajadores organizados enfrentamos la dictadura instalada en junio de 1973, resistiendo luego, durante 11 años, para emerger el PIT en la concentración del 1º de mayo de 1983, y juntando, a continuación las dos siglas, porque siempre fuimos impulsados por los mismos principios y el mismo concepto de unidad. Esa acción consecuente de los trabajadores organizados determinó -pese a la sañuda represión durante once años- el aislamiento progresivo y permanente de la dictadura, hasta reconquistar la democracia, de la que estamos conmemorando el trigésimo aniversario.

En este último período, desde 2005, el movimiento sindical se ha plantado firme ante un gobierno diferente, de orientación progresista, con voluntad de separarse de los dictados del FMI y dialogar con el mundo de igual a igual, sin ponerse de rodillas. A la vez, ha logrado que esa nueva fuerza, que legítimamente proclamaba su origen en la izquierda, comprendiera que todo tiene sus límites y que la independencia de los trabajadores no podía subordinarse a sus objetivos por más justos que a ellos les pareciesen, proclamando en el proceso electoral la fórmula “Independientes pero no indiferentes”.

Un segundo y complejo desafío exige administrar el crecimiento torrencial, caracterizado por la incorporación de nuevas generaciones al trabajo y a la vida sindical. Es el más feliz de los problemas, pero a su vez, el que mayores esfuerzos demanda. De tener un elevadísimo índice de desocupación juvenil, hoy tenemos en todas las ramas la irrupción de jóvenes en un proceso que no fue gradual sino casi explosivo. En estos últimos años el ingreso torrencial aportó entusiasmo y renovación, pero nos ha planteado como un problema de urgente solución la formación de estos jóvenes rebeldes, con la rebeldía propia de sus años, a la que se suma la resistencia al autoritarismo, que la dictadura dejó como sedimento de resistencia a todo tipo de autoridad y las exigencias organizacionales del trabajo.

Como sindicalistas preferimos rebeldes a sumisos. Pero la unidad del movimiento y su eficacia como instrumento de lucha y defensa de los derechos de los trabajadores y de los principios democráticos reclaman que emparejemos las rebeldías con la solidaridad de la clase y la disciplina interna. Los sindicatos nunca han sido refugio de malos trabajadores. La cultura del trabajo es y debe ser nuestro patrimonio, aquel que legitima nuestros reclamos. Con el mismo énfasis proclamamos la solidaridad fraterna entre nosotros y con todo aquel que nos necesite.

La sociedad de consumo que impulsa desenfrenadamente el modelo capitalista, fomenta con fuerza el individualismo, el “hacé la tuya”. Como respuesta, el movimiento sindical levanta las consignas de unidad, solidaridad y lucha.

Solidaridad no sólo con los sindicatos y los trabajadores sindicalizados, sino asumiendo la responsabilidad de quiénes no tienen organización, los que son víctimas de una sociedad que culturalmente genera fragmentación y abandono. Intentamos señalar que las inequidades e injusticias en la distribución de la riqueza y participación en el producto del trabajo, no sólo se da entre el patrón y el obrero, sino también entre los propios trabajadores; y en ese terreno no se avanza desde la lucha naturalmente corporativa de cada sindicato, sino que se hace necesario la existencia y fortaleza del programa y plataforma de la propia Central que ubica su lucha en la vanguardia por los derechos de los más débiles y desposeídos de la clase y el pueblo. Es decir: La solidaridad de clase entendida no sólo como el apoyo a los que están en lucha y protagonizan los conflictos, sino, particularmente expresada en apoyo y defensa de los más postergados y débiles a la hora de reclamar por sus derechos.

Y recordamos que la otra cara de ese mismo principio es la prudencia al evaluar situaciones que pueden ser provocaciones patronales. Por eso consideramos importante la disciplina interna en los sindicatos. La principal ventaja de haber construido una Central única de sindicatos, es disponer de una estrategia común, que comprende a todo el Movimiento Sindical, la que es y debe ser sostenida por el conjunto de sindicatos y federaciones. Evitando práctica corporativas o individualistas. Por todo lo anteriormente dicho, resulta imprescindible atender las disposiciones estatutarias que aconsejan a los sindicatos informar previamente, en oportunidades importantes, cuando se va a ingresar en un conflicto.

Una tercera cuestión que nos desafía es la exposición pública a través de los medios masivos de información. Salvo excepciones, desde ellos nos examinan constantemente para encontrar como atacarnos. Exploran nuestras diferencias ideológicas -las que afortunadamente tenemos y tendremos sin desmedro de la Unidad- y tratan de convertirlas en elementos de confrontación. No contamos con armas similares en cuanto a la información masiva y pensamos que es tiempo de comenzar a pensar en como suplir esta carencia.

Y un último asunto estrechamente vinculado a lo anterior: La nueva realidad política lleva implícito que un buen número de dirigentes con experiencia pasaron a desempeñar tareas gubernamentales y han tenido que ser sustituidos en sus funciones sindicales. El viejo reclamo de participación en la conducción de las empresas públicas y diversos servicios fue parcialmente contemplado pero, desde el arranque, quedó claro que, habiendo sido dirigentes pasaban a integrar el Gobierno. No nos debían obediencia; aunque sí debemos exigirles solvencia, honradez y respeto por los trabajadores. Porque la ausencia de alguna de estas tres condiciones por parte de una persona formada en nuestro seno, se generaliza rápidamente y afecta al conjunto del movimiento sindical. Cada uno de nosotros debemos ser el ejemplo de

Estas son las reflexiones, queridos compañeros congresistas, que se nos ocurren como insumos, para las ricas discusiones que tendrán ustedes en estos días. Con la confianza que nos ha dado la vida en la justicia de nuestra lucha, nuestra trayectoria y nuestro futuro.

Junio 2015

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